24 de agosto de 2023

Pedro Nicolás, el mensajero nuevomexicano

Cuando el 27 de abril de 2017 llegué a la plaza de Chalco, en México, me prometí que no volvería a plantearme un reto sin haberme recuperado antes de la lesión del pie que arrastraba desde hacía meses y que entonces aún desconocía cuál era.

Unos meses después fui al médico, me hicieron pruebas y me diagnosticaron neuroma de Morton, una inflamación de los nervios entre los metatarsos de los pies extremadamente dolorosa y sensible por ser los propios nervios. En el plazo de varios años me infiltraron una vez por probar, realizaron una primera operación en la que serví un poco de cobaya, una segunda operación para quitarme un nervio y una tercera para quitarme un segundo nervio. Esto con sus pre y postoperatorios, con sus recuperaciones, con sus puntos, con sus dudas, con sus vueltas a los entrenamientos, con coger forma y con darme cuenta de que no había encontrado la solución, una y otra vez. Cuando el traumatólogo me dijo que la medicina no podía hacer más por mí reconocí que estaba ya solo ante lo que me pudiera quedar por delante y que había cometido el error que me prometí nunca iba a cometer: el que el deporte me afectase a la vida, especialmente a la futura. 

Presentí que lo de los neuromas iba a quedarme para siempre como el legado de un corredor que algún día que dejaré de ser y como un doloroso recuerdo de que a veces los fallos se pagan para toda la vida. Entre operaciones pude entrenar en ocasiones con cierta normalidad y plantearme algunas competiciones por etapas. A estas alturas de mi vida deportiva y personal las grandes distancias hechas del tirón creo que se han acabado para mí especialmente por desinterés y posiblemente el cierre lo eché en Grecia, cuna de las distancias largas. No es mal final.

Con extremo cuidado con el calzado, y no sólo el de entrenar sino también el de andar por la calle e incluso el de andar por casa conseguí, tras años de aprendizaje, sobrellevar la lesión, sin nervios —tiempo después descubrí que sí que volvían a crecer— pero con tres operaciones que alteran por ahí dentro el pie nunca volverá a ser el mismo, lo acepto a regañadientes, pero quería al menos poder seguir haciendo deporte salud. Poco a poco fui comprendiendo cuándo me molestaba y por qué, aprendí a tener un par nuevo de zapatillas en casa para cuando con las que corría caían por el cliff y me empezaban a molestar porque desde ese día ya no había marcha atrás y las tenía que sustituir de inmediato. Fue un lentísimo aprendizaje donde una pequeña molestia me duraba días y donde la extrema sensibilidad de la zona y el uso continuo de la misma hacían difícil sacar conclusiones. Pero las fui sacando.

Mucha mediasuela, protección, cuidado y cambiar de zapatillas algo antes de lo que hubiera podido en otras circunstancias pero fui haciendo camino. Cuando estaba razonablemente convencido de que podía acometer algún reto llegó la pandemia del covid. Y, como a todos, me paró en seco. En mi caso al querer hacer un viaje internacional allende los mares el parón fue largo, demasiado largo. Porque a partir de cierto momento sentí que había perdido la chispa, la fuerza interior, las ganas de hacer algo, que haciendo deporte tranquilo se vive muy bien también y no hay necesidad de pegarse grandes palizas ni vivir incertidumbres en ocasiones indeseadas e indeseables. Cegado por un destino que no llegaba pero razonablemente harto de la normalidad un día de finales de abril hice una maratón en montaña, la cuarta de una bastante caótica temporada, y me sentí preparado. Porque fue fácil, no me cansé mucho y llevaba un tiempo haciendo una cada mes, es decir, había asimilado. Con un viaje-compromiso que me ponía un tope de fechas para acabar o empezar, con unas previsiones de tiempo que sólo miré de reojo se antojaba difícil pero no imposible hacer un reto que sólo había hojeado muy muy someramente. Era aquí y ahora o no era.

En los últimos meses había estado entrenando con unas zapatillas normales y no con unas de mediasuela alta, las únicas que he aguantado en años. Cuando me di cuenta, y no fue el primer día, de que iba normal y no pedía a gritos una mediasuela que me aislase más me planteé si finalmente me había recuperado de verdad. De hecho se me quejó antes la espalda, los piramidales o varias articulaciones que el pie izquierdo. Y no, no voy a volver a zapatillas normales pero ahora sé que hasta distancia maratón las puedo usar, algo que no me habría imaginado en el último lustro.

Mentalmente lo fui retrasando hasta que en una consulta de vuelos y esperando quizá que me fueran a pegar un hostiazo antológico las excusas se me vinieron abajo porque me pareció un precio razonable. La excusa sería yo o no sería. Y en un acto de notable inconsciencia me compré los billetes. Hice exactamente lo que tenía que hacer. Cuatro días después de aquella maratón de montaña, dos semanas antes de coger los aviones decidí que sí, que me iba. No sabía ni cómo era la ruta ni su distancia ni nada, no sabía a qué me enfrentaría y o me espabilaba o me comía el tiempo. Sólo sabía que el anterior noviembre que le eché un vistazo era demasiado frío porque en ese momento descubrí que me movería siempre entre 1500-2000 m y de ahí las temperaturas pero que en la segunda mitad de mayo deberían ser agradables. O muy cálidas, porque poco antes de irme eran de 30 ºC o más y justo al salir la previsión cambió a que todos los días podía llover.

La caótica preparación incluyó un cambio de planes de última hora porque me costó mucho trazar la ruta y encontrar alojamientos disponibles. Un día llegaba a un pequeño pueblo (de nombre Madrid) donde había sólo unos pocos sitios disponibles en Airbnb y todos ocupados porque daba la casualidad de que pasaba por allí en sábado. Por primera vez en mi vida llevaba varios hoteles pillados y todo dependía de que la cadena de transporte fuera perfecta o no sólo perdería mucho dinero sino también la posibilidad de hacer la ruta.

Cuando el comandante del primer vuelo dijo que volvíamos a la terminal porque había algún problema técnico vislumbré la posibilidad de que todo se desmoronase. Cuando la incompetente burocracia y organización del aeropuerto de Dallas («al gobierno americano no le importa que usted pierda un vuelo» escuché a un empático funcionario, afortunadamente no dirigido a mí) casi me hace perder el segundo iba ya curado de espanto. Un mes y algo después vi una entrevista a un piloto de Le Mans que otro veterano le decía que tenía que pasarse la semana previa andando despacio, hablando despacio, todo para llegar con energías al fin de semana de la carrera. Sin saberlo eso estaba haciendo yo, reservando energías, tragándome bilis, viendo el tiempo pasar sin poder hacer nada... y corriendo por un aeropuerto cuando tocó. Un viaje en coche, dos vuelos con dos trenes entre ellos, un uber, una corta noche, un tren y un microbús después funcionaron como debían y me planté en el hotel en la misma plaza de Taos, en día y hora. Casi no me lo podía creer. Se habían alienado unos cuantos planetas y sólo dos semanas después de plantearme seriamente el reto estaba ya inmerso en él. 

Taos, capital de Nuevo México. Nuevo México que está por ahí abajo de los Estados Unidos, bastante deshabitado, un tanto olvidado por los poderes y que me descubrió otro rincón de este país que no sé si odiar o querer. Bueno, sí, ambas. Aunque no en la misma proporción.

Tras seis años tenían importantes dudas de cómo funcionarían cuerpo y cabeza, y aunque por razones de ruta y cierto respeto me planifiqué unas distancias diarias que creía asumibles e incluso un par de ellas claramente cortas desde la comodidad del ordenador, había pasado mucho tiempo desde mi último reto serio y no sabía cómo iba a ir. Pero cuando me fui a dormir la noche previa sabía que había cosas que no estaban en mi mano y que esperaba resolverlas por el camino. Entre otras cosas no estaba en mi mano cómo me iba a sentar la cena: para ahorrar un poco y porque no sabía si los horarios de los transportes se iban a respetar me llevé un liofilizado para esa cena y con grata sorpresa y emoción descubrí que el fin de la fecha de consumo recomendada era 2013. Porque la emoción te espera a la vuelta de cualquier esquina. Puedo confirmar que a la mañana siguiente cagué con textura normal y que mi estómago sigue siendo a prueba de bombas. Me confirma otra vez que las fechas de caducidad son un engaño y voy a fundar un día de estos la Iglesia de la Santa Cagalera en honor de aquellos que comen lo que quieren y cuando quieren y apenas tienen problemas por ello. Seguimos. 

Lo bueno de tener un pedazo de jet lag de ocho horas hacia el oeste (Nuevo México está bastante a tomar por culo) es que madrugas de la hostia y he usado esto en mi favor, levantándome antes de que abran el ojo y el pico las gallinas y poniéndome en marcha bastante pronto. Sobre todo para mí que no soy precisamente de levantarme como un rayo y me muevo a velocidad absurdamente lenta por las mañanas. Alguna desventaja tiene esto de poner calles y caminos: llegas a los hoteles antes de que sea la hora de que puedas acceder. Tengo la fundada teoría de que si siguen retrasando la hora de entrada a la habitación y adelantando la de salida llegará un momento en el que no podrás llegar a pisarla. Al tiempo.

A pesar de que soy el rey de la ligereza en este tipo de viajes y de que no me sobra nada, al echármela a la espalda la noté pesada y en los primeros kilómetros pensé que por qué me dejaba el culo tan sentado por el peso. No es que fuera una mochila como en carreras de desierto, ni mucho menos, pero por algo la notaba un poco demasiado hasta hacerla no confortable. Es cierto que llevaba más que otras veces en forma de comida, dos liofilizados más para la primera cena y desayuno porque donde me alojaba no tenía nada de nada alrededor, y una barrita y un gel por día, algo que no suelo llevar. Supongo que sería eso porque el resto era material conocido en volumen y masa.

La ruta no me había gustado demasiado al trazarla, realmente difícil, pocos caminos, zonas con dudas y que tuve que adaptar a alojamientos. Y carretera, obviamente. Salí por una de ellas, la que conecta Taos con el resto del Estado, dirección sur. Taos es una pequeña localidad pintoresca, especialmente desde el punto de vista estadounidense, con construcciones tradicionales de la zona, bastantes galerías-tiendas de arte y alguna callecita peatonal, toda una rareza en este país. 


Los primeros pasos son siempre de recordar lo que era aquello, adaptarte al peso, estar con mil ojos y reaprender cosas que tenías casi olvidadas. Al rato me paré en una bonita iglesia con un par de siglos de antigüedad respetando la arquitectura local, no de la época que me compete, de estas no sé si hay alguna en pie, pero la arquitectura nuevomexicana me moló mucho. 


Un buen rato más adelante me desvié de esta primera carretera y tomé una solitaria y bonita, básicamente una recta con subebajas que no tenía salida, de ahí el poco tráfico. Y más cuando ya había acabado el curso porque poco más adelante pasé junto a la sede de Taos de la Universidad de Nuevo México. Con calma, con el calor subiendo, con paisajes kilométricos y corriendo algo forzado por el peso llegué a un aparcamiento donde dejar el coche, para el que lo llevaba, y hacer algunos trails locales. 

Primer fallo de orientación, unos 500 metros regalados, pero me di cuenta pronto de que no podía acceder al camino correcto porque era un cañón y el atroche no era una opción. Media vuelta. Al coger el camino bueno aluciné con lo espectacular del lugar, un minicañón del Colorado en versión nuevomexicana y del río Grande en vez del conocido Colorado. Muy chulo, con piedras oscuras, cañón cortado a tajo y preciosas vistas. Más feliz que una perdiz, sobre un camino ganado al mismo cañón y con algún desprendimiento relativamente reciente fui descendiendo hasta un puente que no cruzaría pero donde retomaría el asfalto. 


En demasiadas ocasiones no hay otra opción que el asfalto, esta era una de ellas: los caminos más útiles y transitados se acaban asfaltando y no hay motivo para mantener caminos alternativos cuando no hay densidad de población que los emplee en usos lúdicos. Era una carretera muy poco transitada, con el río a la derecha, y balsas de rafting bajando tranquilamente mientras yo me desplazaba a mi cansino ritmo sin más problema que un creciente cansancio. Fui, de paso, observando las muchas áreas de acampada (campgrounds) que hay por aquí por si en la segunda parte de mi viaje, como un turista más, tenía/podía hacer uso de ellas.

Acabé en un coñazo de carretera sobre la que tenía que hacer una decena de kilómetros más, esta vez de nuevo con bastante tráfico, para llegar a mi primer destino, una casa perdida de la mano de dios, junto al río Grande y sin ningún servicio, pueblo, gasolinera o restaurante cerca.  44 km en 4h52'. Los dueños no estaban con lo que dispuse de la habitación, jardín y demás para mí y pasé una agradable tarde recuperando y vagueando, lo que corresponde en este tipo de experiencias cuando acabas de correr.


Con todo en orden la segunda etapa ya se presentaba más larga, rondando los 50 km, con una zona que esperaba que pudiera hacer por montaña pero sin la absoluta seguridad y que una vez en ella fue más dura y solitaria de lo esperado. Cuando poca gente vive en un sitio es bastante raro que te encuentres con alguien en un camino realmente difícil para todoterrenos o muy exigente para bicis de montaña. Buenas rampas, zonas técnicas —no para ir a pie— y pendientes que en ocasiones con terreno suelto me costaba subir. Añado unos parches de barro aquí y allá por las lluvias de la noche anterior y una cadena cruzada ya avanzado el camino que casi me produce un ataque al corazón por tener que darme la vuelta, pero no. Aún no sabía lo que me esperaba.

De vuelta a la civilización en una zona donde en hora y pico no me crucé con nadie ni atisbé vida cojo unas carreterillas locales que fueron algo tormentosas por los putos perros. Mal por mí, cierto, son los putos dueños de algunos perros. Dejaban las puertas de las parcelas abiertas y los perros salían a "saludar", y dale, que no estoy entrando, que no me tienen que salir, que no me tienen que rodear ni impedir el paso, que voy por una puta carretera que no es de los dueños de los putos perros. Una y otra vez. Muy harto. No sabía lo que me esperaba aún.


Si no hubiera sido por la compañía canina hubiera sido un tramo agradable, sin tráfico, descubriendo la forma de vida de esta gente, comparando con cuando corrí por el norte, en el Estado de Nueva York o el otro que conozco un pelo, Texas, intuyendo calidades de vida, analizando servicios provistos, calidades de construcción o relaciones sociales, en definitiva, agradeciendo profundamente haber nacido en Europa. En un momento dado se puso a llover, lo temía porque las previsiones así lo decían y lo malo es que me quedaban varias horas aún. Primero unas gotas, luego más, luego parecía que paraba, de vuelta el agua... En uno de esos momentos iba por una carreterilla solitaria por la izquierda de la misma como corresponde, cuando veo un coche que se va a incorporar por mi izquierda desde una carretera perpendicular y por velocidad y distancia vamos a coincidir en el cruce. Aunque ya intuyo que no me va a dar prioridad no lo voy a forzar y voy pegándome al borde izquierdo de la calzada para que su señoría no tenga que mover el volante lo más mínimo. Aunque llueve y lleva los cristales laterales delanteros tintados —malísima costumbre, está prohibido en Europa— y yo estoy muy a la izquierda, en un movimiento sorpresivo se me abalanza y sólo gracias a mis reflejos salvo que me pegue en el centro del capó y con la inercia que yo llevaba hacia la izquierda y mis manos consigo que al recibir el golpe me desplace a la izquierda. No me llega a tirar por puro instinto gatuno, sólo porque predije lo que podría pasar no me pega de lleno con consecuencias más graves y lo peor de todo, el coche frena un poco y cuando me ve que no me ha matado sigue su camino sin parar, disculparse ni nada. Creo que no hace falta decir la cantidad de insultos, improperios y violencia verbal que salió por mi boca, no por el atropello en sí que le puede pasar a cualquiera sino por la cobarde actitud de irte sin decir ni mu. O miu. Con la de anuncios que ponían en la tele de abogados si llego a pillarle la matrícula ahora sería rico. Pero estaba yo como para coger matrículas.

Se me tuvo que pasar pronto el cabreo porque la lluvia arreció y la diferencia de tiempo entre relámpago y trueno decrecía rápidamente. Llegué a una carretera importante, salí de ella y aquí sí, se abrieron los cielos y empezó a llover como si fuera el último día. Qué manera de caer, oye. Entré en una pequeña carreterilla local y descubrí la indigencia profesional de los que la hicieron: las pendientes que toda carretera de bien tiene que expulsan el agua por gravedad a los lados estaban mal hechas y todo el agua se quedaba dentro. Básicamente durante varios kilómetros fui por un río, con coches que iban y venían y yo tratando de que no me salpicaran, porque casi me pasaban por encima las salpicaduras las olas de agua y es que había zonas de un palmo de agua. Acojonante. Considero que era realmente peligroso porque yo me iba cambiando de lado tratando de adivinar qué megacharco era menos profundo, indicando a algún coche que se esperase y todo ello con baja visibilidad como corresponde a un día lluvioso. Esta vez no me atropelló nadie. Por fin salí de este tramo y cogí una vía auxiliar de una autovía y empecé a pasarlo mal, esta vez de frío, me empezaron a castañear los dientes y estaba todavía a bastante de meta. Corriendo que te castañee la mandíbula bastante incontroladamente no es buena señal porque ya no calentaba, muy despacio, cauto de no pararme para nada y complicarlo todo. Lo pasé mal. 

No quería forzar las cosas pero se puso así y no me gustó porque sentí que no iba tan lejos de cierto límite, es cierto que había civilización alrededor pero no quería usarla. Sorprendentemente a dos kilómetros de acabar empecé a encontrarme bien y cuando vi el casino donde me iba a alojar (bueno, lo que es en el mismo casino no, en el hotel de enfrente) me puse realmente contento. A las afueras de Pojoaque, que no puede tener un nombre más indio, un casino con su megaparcamiento, un hotel, algún sitio para comer a distancia razonable para ir andando y poco más era mi paraíso en esos momentos. Sólo me quedaba una duda: llegaba bastante antes de la hora a la que podía entrar en la habitación pero al verme el recepcionista, un chaval la mar de majo, me dejó entrar sin problema, algo que al día siguiente le agradecí porque hay que ser agradecido cuando te echan una mano y por verbalizarlo no pasa nada. Bueno, sí pasa.

Nos reímos los dos de que no era capaz de firmar con el boli porque apenas lo podía agarrar con mis manos de clic de Famobil por el frío. La prioridad aparte de entrar en calor era secar todo que estaba absolutamente empapado, cosa que logré sin dificultad porque otra cosa no pero las bombas de calor funcionan aquí de puta madre. Lo de aislar bien las construcciones, usar persianas y demás ya lo comentamos en otro momento. El día había sido realmente duro y me dejó un tanto preocupado porque había previsión de lluvia para todos los días. Y estaba en el segundo de seis. He de decir que en realidad tuve suerte con el tiempo excepto este segundo día, no tuve mucho calor y no me volvió a llover pero en el momento estaba un poco de aquella manera. En cuanto acabé de correr, bueno, el último día ya lo hacía, empezó a hacer el calor que corresponde a la época del año y hubiera sido exigente.


He de decir que estaba bastante cabreado en general con los americanos, conducciones, perros y hostias en vinagre. He de reconocer que se me fue pasando y comprobé que el incidente del coche que me dio fue aislado, en general se conduce a ritmo tranquilo, se abren al verte de frente, saludan muchos y la gente es amable. Pero la amabilidad no es sólo dar las gracias cuando te ves igual, a tu altura: si eres de verdad amable, si va en tu persona, lo demuestras cuando estás "por encima", sea un todoterreno respecto a un peatón o ciclista, quien te sirve la hamburguesa en el Borrikín o lo que sea. No tuve problemas, la peña va muy a su bola y fue todo pacífico pero ese día sin duda estaba atravesado y tenía sobradas razones para ello.

Iba rozado de ciertas partes que prefiero no nombrar, la espalda también con algunas heridas y con las costillas molidas de la mochila, es cierto que no había entrenado apenas con ella y esto es sólo culpa mía. Y me preocupaba el tercer día porque era el primero de los dos tramos "por aquí porque yo lo valgo" y con dudas de su trazado.

Pues vamos a ello. Entro en campo y pone que es una reserva india... ehhh, esto qué significa. 'No trespassing', yo es que no sé idiomas, soy tontico. Narararara, seguimos. Durante veinte kilómetros iría por cauces secos que iba cogiendo y dejando en un aparente caos de trazado que sólo puedes hacer con un reconocimiento de una semana o gracias a las maravillosas ortofotos, y aunque yo sentía que desde la comodidad de mi hogar que era posible verte allí es otra cosa. Bajaba un riachuelo por todo lo que llovió el día anterior, hago lo que puedo por no mojarme los pies, y voy avanzando. Dejo a mi izquierda una pequeña localidad (la de la reserva), hay un Hummer a unos cientos de metros, sé que me ve, llevo camiseta muy blanca, pero no se me acerca. Sigo. Navegando por una zona abierta y solitaria no vuelvo a ver a nadie ni nada durante horas. Que por mí cojonudo pero es cierto que si hay problemas tienes Problemas de verdad, de salir en el Telediario.


Veo una valla, si he entrado es que estoy saliendo, ¿no? Me arrastro bajo ella, pues guay, pasado el peligro de ser echado o algo peor. Y veo un poco después otro cartel, otro No trespassing, ¡Que no pases, coño! y ya ponía que la multa podía ser de 5000 $. Ju ju. Y qué hago, que llevo una hora, que no hay nada a la vista, no voy a cruzar pueblo ni carretera en horas, nada de nada, literal. Pues qué voy a hacer. Hacerme el idiota si me dicen algo pero que me la estoy buscando es totalmente cierto. El terreno arenoso de ser antiguos cauces está muy muy pesado por la humedad, muy lento, difícil, y yo en medio de la nada, que repito, fenomenal, no me atropella nadie, voy a mi rollo, pero que no tengas que pedir ayuda porque te comen los chacales. No hay ni huellas de todoterreno a partir de cierto momento del tramo. La verdad es que el sitio me gusta mucho, me recuerda a las grandes extensiones de los desiertos, infinitas, dependiendo de ti y sin más preocupaciones que seguir avanzando.


Mucho mucho después veo una tercera valla y esta era difícil, la salto y al poco veo una casa, el primer indicio de que no estoy en Marte, al rato veo una escultura de acero como una casita pequeña de grande, ¿una escultura? Luego veo otra de dos señores. What the coño es esto. Me giro y veo a un kilómetro un casoplón como las de las películas, tardé un buen rato en salir de la finca por la puerta de verdad (tooooooodo esto era una finca privada de varios kilómetros de perímetro) y al salir de la finca entré en una urbanización de hiperricos.
 


Me tuve que salir del track y empecé a improvisar pero lo salvé con auténtico estilazo, acabé en una edificio de una ópera y respiré tranquilo por todo lo que había pasado y lo poco-algo-bastante-demasiado que me la había jugado al estar tan lejos de todo en un sitio del que lo desconozco todo.

Tuve que replantearme el cómo volver al track por carreteras pero lo conseguí, un rato después me crucé con el único corredor en más de 250 kilómetros y me acerqué lentamente a Santa Fe, ciudad que bordeaba y más amable porque tiene unos cuantos carriles bici a los cuales me lancé con los brazos abiertos, tanto que me pasé de optimista y estuve dando vueltas para encontrar la salida de una zona. Y me cagué en todo porque lo de dar vueltas a lo imbécil lo llevo mal. A la salida de este laberinto vi un bonito grafito del Guernica de Picasso, en cosas así se sabe cuáles son los referentes culturales realmente globales.

Rocé Santa Fe, ya volvería de turismo, y llegué a zonas exteriores, cordones de viviendas, algún campo de golf, polígonos industriales, naves-trasteros, hospitales privados, un tramo trazado con el ojo de halcón absolutamente excelente que me dejó alucinado de cómo puedo ver ciertas cosas con fotos aéreas, y finalmente mi destino. Un hotelito a las afueras, cerca de otro megaparcamiento y un minicentro comercial al lado. Otros cerca de 50 km, más lentos pero duros por la primera mitad y salvando la primera bola de set en cuanto a trazado creativo.


Por razones logísticas no había ningún sitio para dormir en más 80 km. O hacía un día corto o me metía un palizón antológico. Hice bien en escoger la opción a. Desayuné bien, charlé con un colega corredor en el desayuno que me preguntó por las zapatillas que llevaba y salí rumbo a una etapa de transición antes de la bola de partido del quinto día, ya hablaré. Para mi sorpresa cientos, posiblemente algún millar, de ciclistas pasaron en varios pelotones, desde pros (o pinta de) a globeretes de bicis de montaña baratas. Éstos y algunos que volvían creo que con el rabo entre las piernas por abandonar la ruta de esta marcha son las únicas bicis que vi. Que vi funcionando, vi unas cuantas más pintadas de blanco y con el nombre de su usuario, atropellado tiempo atrás. Las carreteras están jalonadas de cruces e hitos de gente que se ha dejado la vida en ellas, aunque tienen carreteras de buen firme y trazado son penosas en el resto: cruces al mismo nivel, muchas sin medianas de hormigón (que son invento americano, por cierto, Jersey se llaman), sin guardarraíles, con poca señalización, sin catadióptricos por la noche... Es el país con más accidentes mortales per cápita del occidente. Lo cual no me sorprende y eso que ya digo que suelen ir despacio pero te das cuenta que no todo es la velocidad. La ausencia de ITV (¡benditas ITV!), que cada uno lleve el coche como quiera, sin matrícula delantera, los camiones a la velocidad de los turismos y tantas tantas cosas que alucinas. Y no vengo yo del país con mejores conductores precisamente aunque sí de uno con unas de las mejores infraestructuras del mundo. Y lo de ver tantas bicis un día y cero el resto tiene una explicación: salen en grupo, con docenas de policías y así se puede salir, si no, no sé, allá tú supongo.


Total, que partí para mi cuarta etapa, tranquilamente porque sería de treinta y algo, noto que voy ya algo deteriorado, paso por cárcel, centro de detención y correccional, base de la Guardia Nacional y algo más del ejército, todo esto sí, níquel, tope gama; y cuando el GPS me dice que tire para la derecha (la ge es de God, Dios, y yo obedezco) me salgo de la carretera, salto una valla y pongo rumbo a algo que supongo que era una antena. Acierto, antena de guiado de aviones, un sendero que veo por allí y un camino, ya lejos de la civilización, double track o jeep track. Todo bien. Empiezo a abrir y cerrar vallas, veo molinos con bombas de agua, a mi rollo. Llego a una carretera que no recordaba y me vuelvo a salir, una pista muy buena y tras algún kilómetro pone algo que no entiendo (en realidad esta vez sí es cierto que no lo entendía del todo pero me hago el loco de nuevo) y acabo en una casa privada. 

No hay nadie y empiezo otra vez a meterme en líos, no debo estar aquí, no he saltado vallas pero no debo estar aquí, esto es privado, casoplones majos, no hay nadie en ellas o eso creo, y empiezo a vagar completamente a ojo porque de nuevo estoy muy muy fuera del track. Como me salga alguien le voy a tener que contar la historia de mi vida, que si soy de muy lejos, que soy lerdo, que si no sé dónde estoy, que si yo no quería. Todo esto, recuérdese, en país más armado del mundo con diferencia. Y del que el último dato que vi sale a más de 1000 muertos por arma de fuego ¡al mes! Yo a lo mío. A seguir ahondando en el error. Con ese don de tirar recto por donde me dice el instintoque el altísimo me ha dado, surfeando por colinas llego al track de nuevo tras un buen rato campo a través, paso una valla tras otra donde ponía No trespassing a la vuelta de la valla, es decir, progresivamente, por cada valla que cruzaba entraba más y más en la legalidad. Entendí que eran como círculos concéntricos de propiedades privadas y yo iba saliendo de ellas. Bien. Una que me gustó menos ponía que era una zona de minas y que podría haber explosivos. Venga, fiesta y feria. De nuevo, durante horas no vi a nadie y obviamente nadie me dijo nada porque... no había nadie. Y nadie es nadie. Está esto para tener un problema. Ah y otra cosa, lo de la cobertura por aquí ni se parece a nuestro bendito país. Pero ni de lejos, eh. Starlink está hecho para Estados Unidos que tienen una sombras de cobertura inmensas; en España, excepto casos contadísimos, es inservible el invento de llenar órbitas de chatarra espacial (y hay otras opciones mucho más baratas, te informo). Y no me hace falta ni comprobarlo, siempre llevo el móvil apagado pero aquí la cobertura es una santa mierda.

Total que sigo y acabo en un pueblillo que toco y salgo rumbo a mi destino final. Voy servido. No levanto los pies del suelo, me duelen algo las rodillas (aunque sé que es muscular, exceso de tono muscular de los cuádriceps), petadillo y tras una subida donde me salen otros chuchos llego a Madrid. Madrid de aquí, es decir, Meidrit, algo así. Un pueblecito mezcla de Benidorm y un western, cantidad ingente de peña porque había unas fiestas. De pasarme días por ahí yo solo me empezaron a salir sarpullidos de ver tanta humanidad junta. Ojos como platos por el despliegue de peña, coches buscando dónde aparcar, tiendas de venta de cannabis, otras de arte y cualquier mierda, y las fiestas con bandas de su música garrula, porque sí, han aportado el rock al mundo pero joder otros estilos musicales... Son unos horteras hasta decir basta. Y cuando veo lo felices de la vida que están en este cutre pueblo pienso que si tienen una mínima sensibilidad artística, pero poquita, cuando vean, no sé, Toledo, deben quedar absolutamente extasiados y al volver a sus villorrios sin personalidad deberían de ser presa de una insondable melancolía.




Un choque enorme de sensaciones el ver tanta gente junta de la cual me alejé como ser asocial que suelo ser pero en estos momentos se multiplicaba mi aversión a la especie humana de tantas horas que estaba pasando solo pero el sitio donde dormí fue el mejor, con terracita para estar tranquilo, amplio, limpio y con crema. Crema para automasajearme las patas e intentar quitarme el dolor de rodillas, es lo bueno de que la casa fuera de mujeres. 

El único incidente fue en la bañera... intento abrir el agua caliente y no abre, temo reventar la instalación de agua de toda la casa con mi superfuerza, pero nada, que no abre, tras un buen rato giro hacia el otro lado y abre. ¡Pero a quién se le ocurre que abra al otro lado y que no lo indique! Creo que aparte del test de Turing para saber si algo es inteligente ponía a la candidata a inteligencia a abrir grifos de bañeras del mundo, la cantidad de sistemas que hay me apabulla, es increíble la creatividad humana, hay miles de diferentes posibilidades y dudo que se hayan acabado. Pero lo de abrir hacia el otro lado no me suena haberlo encontrado nunca y me parece brillante. Brillante no sé para qué.


Tras esta digresión sobre grifos estaba a las puertas del día clave, el quinto, se supone que algo más descansado (ja) por haber hecho sólo 35 km el día anterior pero con una zona crítica. Crítica de que es o todo o nada. Un tramo de ¿20? km —realmente no sabía ni sé su longitud— en medio de la nada, muy lejos de cualquier sitio habitado y sin plan B. Estoy absolutamente seguro de que sin cobertura de móvil y que no sabía desde casa por qué había ese vacío en el mapa aunque ya sospechaba que pudiera ser una propiedad privada. Lo sabría pronto.

Abandono tranquilamente el villorrio westernbenidormiamo de Meidrit (no se enteran si dices Madrid, por cierto) y me dirijo a la duda más grande de toda la ruta. A derecha e izquierda una valla kilométrica con unos carteles que no atisbo a leer. Me paro a mear, excusa para acercarme a ver qué pone. Y lo que me temía. No trespassing. No seré el más original pero montar un negocio de carteles de No pasar me parece un negociazo en este país. Aunque no me pasó tanto en la zona de Nueva York cuando corrí por allí este es un país de inmensas fincas privadas, como muchos de sus servicios, el suelo es eminentemente privado, claro que hay parques nacionales y demás pero la inmensa mayoría no sale de casa corriendo o montando en bici de montaña al campo, no, para coger caminos que no sean privados en muchos sitios hay que ir hora y pico en coche y montar ahí, que sí, que molarán más, pero qué hacen de lunes a viernes. Carretera y jugándose la vida, supongo. Y no hay derechos de paso ni nada, todo es no pasar. En esta finca de centenares de kilómetros cuadrados (y sí, sé lo que son 100 km², no soy periodista ni mido en campos de fútbol, lol) ponía además que no se podía cazar, pescar, excavar, coger leña... pero no decía nada de correr, je je. Es cierto que venía un teléfono para llamar pero dudo, primero, que tuviera cobertura, y segundo, que no puedes llamar un lunes a primera hora diciendo que quieres cruzar el pedazo de rancho de tito Chávez. Y salté, claro. Esta vez sí que no tenía otra.


Ante mí un par de decenas de kilómetros de la nada, de camino en camino, unas vallas por aquí y otras por allá, absolutamente nada (con una excepción) ni nadie. Si no fuera por la inseguridad de que me podrían echar en cualquier momento, de pegarme un tiro, de saber que lo estaba haciendo muy mal, de que casi seguro no tendría cobertura, de que nadie sabía dónde estaba, de que no había agua ni pueblo ni carretera ni nada donde poder avituallarme o abandonar, si no fuera por estos pequeños detalles estaría de lujo. En realidad estos minúsculos detalles no me influyen excepto en estar más alerta. La sensación de aislamiento era magnífica.

Al poco empiezo a sentirme húmedo (no pienses mal). Justo en el punto más lejano de la civilización un soft flask decide que ha llegado el momento de marcharse al más allá. Es cierto que me ha durado muchos años, ¿pero en serio no podría haber sido en otro lado? Hago trasvase a un soft que siempre llevo de repuesto cuando estoy en faena perdiendo poca agua pero que voy racionando como siempre pero hoy especialmente y sigo camino. 

En realidad, abro paréntesis, no he llegado ni a apurar los 1200 ml de agua que llevo para 50 km, no he repuesto ninguna vez en marcha ni he comprado comida, nada, con una barrita y un gel al día me eran suficientes, podría haber perdido toda el agua de un soft que no hubiera tenido problema real. Cierro paréntesis. 

Tras coger este y aquel camino llego a la única posible presencia humana moderna en todo este tramo, una construcción que no llegué a distinguir por foto aérea si estaba abandonada o no. Y sigo sin estar seguro. Me alejé campo a través para darme unos segundos extra por si había perros pero no había vida allí. Seguí mi camino y un rato después vi los restos de alguna edificación abandonada bastantes años atrás. Un poco fantasmagórico esto. Seguí a lo mío, con los caminos cada vez más deteriorados, hasta ir prácticamente por cauces secos sin presencia humana en bastante tiempo, ¿de verdad este era el mejor camino? A veces me sorprende mi creatividad con Google Earth. 

Un buen rato después creo estar cerca de salir de esta prolongada zona de la nada y la sorpresa es mayúscula al ver un Jeep Wrangler muy preparado con algún turista parado, ellos no me ven porque voy en silencio pero yo sí, no sé si les enseña algún resto arqueológico, eso parece. Pero es la confirmación de que estoy cerca de la civilización. Un buen subidón después veo un depósito de agua y una puerta ¡que no pone no pasar!, claro, venía de casacristo, de donde nadie puede venir y una bajadita después piso asfalto. Bienvenido al mundo real. Otra urbanización donde hay una casa cada kilómetro. Casas de pobres, claro. Tras varios kilómetros llego a una puerta con cámaras de seguridad para salir de la urbanización pero justo entra un coche y aprovecho para salir. Esta vez nadie me puede decir que me he metido en un sitio privado a sabiendas, he salido y ¡oh, sorpresa, era una urbanización privada esto! Haberlo dicho por donde entré.

Salir de un tramo de algunas horas sin posibilidad de fallar y que todo haya salido bien me tranquiliza. No está bien hacer cosas así y me arrepiento. Me arrepiento en el sentido de una mala preparación, absolutamente nadie me vio, ni mis huellas se van a quedar pero no está bien. Es arrepentimiento en ese sentido. Porque lo que es molar, mola, estar en medio de la nada sabiendo que nada puede salir mal mola. De hecho será la última vez del viaje. Vas a un país que no conoces, una vez por tontito, vale, puede colar, era el tercer día que me pasaba todo por el forro de los huevos y es demasiado. No es para estar orgulloso. Pero es cierto que la alternativa era abandonar la ruta, buscarme una forma para volver a Albuquerque donde tenía una mochila y ya está. Pero no quería hacerlo. En otro país no hubiera sentido intranquilidad o inseguridad, en los Estados Unidos, sí. Una fama merecidamente ganada

Los kilómetros que me quedaban fueron lo de siempre, mi análisis antropológico de la sociedad americana, pensar en qué coche tendría yo con la forma de vida, distancias, urbanismo, tipología constructiva y cultura americana (un Subaru Forester), los pocos Tesla que vi, dos Rivian (pedí deseos), la señalización de las carreteras, la forma de vida de esta gente, el urbanismo tan deplorable, el buen avance en placas solares desde la última vez que estuve por los States y pensamientos por el estilo. Como decía más arriba llevaba una barrita y un gel por día, algunos geles con cafeína a ver si me daba alegría. No tomo café, nunca en mi vida me he tomado un café de hecho y recuerdo perfectamente los últimos diez kilómetros de este día porque me tomé gel y pensé que eso era doping. Se llaman Nduranz y flipé con la patada en el culo que me dio, yo no daba para nada y no había nada que hacer, me molestaba ya demasiado todo pero con energía en el cuerpo qué bien se rinde. Para otra vida porque en esta ya no voy a cambiar lo mal que me he nutrido siempre.

Muy cansado, con dolores por todos lados y especialmente en un dedo gordo que le dio por ponerse de un sospechoso color negruzco y no sé aún por qué : no di golpe, no me quedaban las zapatillas pequeñas pero las notaba apretadas ahí, lo único que podía hacer era quitarme las plantillas para ganar espacio pero correr sobre costuras no me apetecía porque sobre costuras no se corre a pesar de que alguno intente vender que por ligereza las plantillas se pueden quitar. No me cuentes milongas.

Como dato la maratón la pasé en 5h22' y le estuve dándole vueltas al dato. Con mochila, +650 m de esa maratón, quinto día, saltando vallas, trasvasando agua, bastante cansado ya, muy lento, con ganas de acabar todo y me sigue pareciendo un buen ritmo para las circunstancias.

Último hotelillo, en un momento dado con media docena de coches de policía y bomberos (todavía salimos en la tele porque uno se ha atrincherado o algo) un McDonald's enfrente, 50 km más en la buchaca y una jornada para acabar todo esto. Y corto. Pero sin saber dónde acabar, no tenía destino fijado.


Sí, te lo puedes creer. Me hago una ruta de más de 250 km (creo, no los he sumado) y no sé dónde acabar. Así soy yo y especialmente en este viaje donde ha sido todo un poco de aquella manera pero en el que sorprendentemente he ido más hippie que nunca y todo ha salido rozando la perfección. 

Sin que sirva de precedente vi vallas este sexto día y que mi track se adentrada en ellas y no lo hice, no las salté, me contuve. Ya había sido lo suficientemente egoísta. Y me chupé carretera para aburrir hasta que cogí un canal y me alejé del mundanal ruido. Mucho más cerca de Albuquerque fui cogiendo carriles bici y la llegada parece que iba a ser tranquila. Albuquerque sí, no Alburquerque, se perdió una erre por el camino, ni escribir saben, coño. AlbuRquerque, cojones. Ni que decir tiene que la mayoría de los nombres aquí son españoles, mayoría no, inmensa mayoría, y resulta curioso ver calles, pueblos o accidentes geográficos con nombres más castellanos que la catedral de Burgos. No es para sacar mucho pecho porque las tropelías que cometieron nuestros antepasados no es para sentirse muy orgullosos y si en tus libros de historia no vienen estos atropellos no es que no ocurrieran es que debes buscarte otros libros. Pero de lo que nadie puede poner en duda es del inmenso poder y la extraordinaria extensión que tuvo en su día el imperio español. Para empaparte mejor de nuestra historia, aparte de novelas o libros que últimamente creo que están viviendo un florecer donde se destaca todo lo español, y no me parece del todo mal si son justos con la historia, hay que o leer entre líneas o buscar otras fuentes documentales para ampliar el campo de visión. Yo no estaba en Nuevo México por nuestros antepasados, no me siento ni especialmente orgulloso ni por supuesto responsable de lo que hicieron, de hecho estoy por los indios, dos de hecho, Nicolás Catua y Pedro Omtua, que corrieron llevando un mensaje para, precisamente, expulsar a antepasados míos de los que comparto nacionalidad, rasgos culturales e historia. Ninguno de los tres me ponen una venda en los ojos. Lo que los corredores mensajeros portaron era el mensaje de una revuelta, sangrienta, salvaje, donde murieron cerca de 400 españoles y habiendo leído algunas de las ejecuciones los indios no fueron precisamente santos, como posiblemente no tocaba ser. No juzgo a los unos ni a los otros y si lo hago creo que ha sido en las entradas de la parte histórica, nadie respetaba nada, las leyes se las pasaban por el forro, los abusos fueron continuos y salvajes y cuando la revuelta se inició se devolvió el mismo desprecio que habían repartido los españoles durante décadas. 

Hay una leyenda negra, hay una visión negativa de nuestra historia y nos merecemos mierda a paladas, bueno, se merecen los antepasados que participaron en ella comprendiendo que eran otros tiempos. A mí que no me hagan responsable ni de una miajina, pero también se hicieron cosas grandes, extraordinarias y espectaculares, una cosa no creo que compense a la otra pero para eso hay que tomarse la molestia de leer y comprender, igual que leí libros de autores mexicanos que contaban la historia de Hernán Cortés cuando me fui a México también aquí he sabido poner en su lugar lo ocurrido con libros proindios que me contasen la otra parte de la historia. 

Bajo un sol, ahora sí pegando duro, por un transitado carril bici que se me hacía infinito aún a las afueras de mi destino final sin ver ni de lejos la ciudad iba enfrascado en mis pensamientos, en los días pasados, en lo que había hecho bien y mal y en si había merecido la pena. Seis años después tenía dudas y las sigo teniendo de si quiero esto para mí, pegarme una paliza pa na. Tuve una sensación agridulce porque la ruta no había sido buena, había rendido un poco regulín y estaba un poco atravesado aún con el país. Lo último lo resolví en unos días de asueto con un coche sin rumbo y viendo cosas, días tranquilos, de conocer y ver, que disfruté bastante y que sin tener absolutamente ningún plan fueron rodados. El otro día escuché la expresión flâneur, ir por ahí sin rumbo y me encantó. Lo otro, la parte deportiva, la tengo un poco en el aire, disfruté volver a sentirme en forma, el hacer una maratón de refilón, poco después ya bien, la tercera corriendo el día antes y el de después y la última en montaña y razonablemente sobrado. Apenas disfruté los preparativos porque fueron muy apresurados con un momento de bajón que cierta personita me ayudó a sobrellevar con su perenne sonrisa. Y la ruta me sobrepasó en ciertos momentos asumiendo ciertos riesgos al borde de lo razonable. Meses después me he dado cuenta de que me faltó estudiar más y mejor la parte histórica que he disfrutado mucho más a la vuelta, pero eso entonces no lo sabía.

Y seguía sin final. Porque al poco de entrar en Albuquerque no tenía meta. Me gusta que las cosas tengan un sentido, un porqué y aquí no la había encontrado. Así que paré, saqué el móvil y busqué un destino. Al rato, con una penosa cobertura que apenas me permitía consultar Google Maps ya en una ciudad de en torno al millón de habitantes, manda huevos, me saltó la chispa: la plaza central, la antigua, la original de la ciudad. Fundada en nosécuándo y leches, plaza fundacional de la ciudad, obviamente por españoles, peculiar, muy suya y de lo poco que vale de la ciudad en sí (como en general de las ciudades estadounidenses), muy riquiña. Dije, este es mi final. Pero a cinco kilómetros, se me hacía bola a priori. 

Y no, fue un alegre paseo que me resultó corto, con un final digno que conectó la salida con la meta, ambas en plazas españolas, ambas con una importante historia, ambas con una arquitectura impropia de este país, con soportales, zonas ajardinadas y templetes y un buen lugar para acabar esta pequeña aventura




Me senté en un banco y mandé el whatsapp de rigor de que había acabado y estuve un rato sin nada que hacer viendo el mundo pasar delante de mí. Ese mundo que yo había exprimido bastante y tocaba parar un poco. Me había ganado ese rato sentado sin nada que hacer. A nadie le importaba qué venía de hacer, casi ni a mí, pero esos momentos, cansado, sucio y con la satisfacción de que estaba hecho lo que me había planteado era sólo mía.


Momento de estar tranquilo, razonablemente satisfecho, suficientemente cansado.
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18 de agosto de 2023

Los años de "paz" y la reconquista española de Nuevo México

Expulsados los invasores, los indios vivieron un tiempo en paz. O supuesta paz. El propio Popé, celebrando la victoria india y empezando a emborracharse de poder, tomó el Palacio de los Gobernadores como suyo y fijó en él su residencia y centro de mando.

Mientras, en Nueva España, Otermín reunió un pequeño ejército y a finales de 1681 marchó al norte a tratar de recuperar lo que había perdido. Tierras, poder y honor. La mayoría de los pueblos por los que pasó los encontró desiertos pero cuando encontró el primero habitado éstos mandaron rápidamente a corredores dirección norte para reunir fuerzas y volver a expulsar a los españoles. Antes de que acabase 1681 Otermín y sus hombres estaban de vuelta dirección sur sin haber conseguido su objetivo. Y ahora sí, comenzó el periodo de tiempo en el que los indios vivieron sin invasores, al menos españoles.

Se sabe bastante poco de estos años en los que los españoles no narraron con sus relatos, informes y cartas lo que acontecía en Nuevo México y la amnesia colectiva es importante entre el pueblo indio. Amnesia por lo traumáticos de estos tiempos pero también por no tener tradición escrita y porque la oral se comparte con no indios con mucha dificultad por un celo que en ocasiones cuesta comprender y que llega hasta nuestros días. Incluso antropólogos indios, de sus mismas etnias se las ven y desean para extraer pequeños fragmentos de información que poco a poco han ido creando un imagen general de cómo fue este tiempo. 

Popé, el líder de la revuelta, quiso "purificar" el territorio de todo lo que fuera español. No sólo quemando iglesias y figuras, prohibiendo usar nombres españoles o haciendo divorciarse parejas casadas bajo el rito cristiano. Llegó a prohibir el uso de cualquier palabra castellana; o a quemar las plantaciones de productos importados por ellos, que incluían trigo, árboles frutales, melones o chile y plantar en ellos sólo semillas autóctonas, maíz y judías; se liberaron los animales que habían traído los españoles (caballos, vacas o cerdos); se prohibió el uso del castellano e incluso de palabras que ya se habían incorporado al lenguaje indios porque no tenían traducción; y otras medidas simbólicas como lavar a los bautizados con raíces de yuca para "desbautizarlos" del catolicismo. Además, como el déspota en el que se había convertido, Popé empezó a exigir sus súbditos el pago de tributos en forma de grano, mujeres y ganado. Para 1682 Popé ya había sido depuesto por su extremo fanatismo.

Restos de la iglesia de Pecos en la actualidad con alusión a la Revuelta de los Pueblo y la cuerda anudada que portaron los corredores mensajeros


La purga de todo lo español que, en definitiva, llevaba décadas ya integrado en la sociedad india fue extrema incluso para los propios indios pueblo que detestaban a los españoles y muchos ignoraron sus mandatos a riesgo de ser castigados o incluso ejecutados por el fanatismo que sólo había cambiado de acera. Algunos siguieron montando caballos, plantando frutas o continuaron teniendo cerdos por los lógicos beneficios que éstos aportaban. 

Mucho peor, las guerras intestinas entre los pueblo, o entre pueblos y otras tribus comenzaban a ser más y más frecuentes con lo que se vivía realmente una época de "paz" en el sentido de que no había invasores foráneos pero de guerra civil por las muchas libradas entre los habitantes originarios.

Se sabe también que sin el poderío y la tecnología militar española los pueblo quedaron a merced de enemigos que consideraban mucho más distantes en términos étnicos que tewa o jémez y éstos aprovecharon esa habilidad lanzando periódicos ataques para el robo, asesinato o secuestro. Las peores incursiones eran principalmente ejecutadas por los apaches que ahora veían expedito el camino para cometer sus tropelías. Los indios pueblo, generalmente más pacíficos, con menos habilidades guerreras y no bien organizados sufrieron los ataques y la devastación que estos ataques relámpago provocaban en sus campos, ganado y familias.

A no mucha distancia (usando la escala estadounidense) un tal René-Robert Cavelier en 1682 completó el primer descenso del Mississippi, en 1684 lo remontó, reclutó 15 000 indios locales y se dirigió hacia el oeste para ocupar las tierras que habían dejado "sin dueño" los españoles. Su pobre orientación tornó la expedición en un caos, sus hombres acabaron asesinándolo y restos de esa expedición llegarían hasta lo que hoy es Montreal. Esta aventura francesa encendió las luces de alarma en España de que las potencias extranjeras empezaban a acercarse a sus dominios por lo que decidió retomar Nuevo México para evitar la invasión por el este que luego se podría tornar sur si los franceses decidían atacar Nueva España, México, joya de la corona española al otro lado del Atlántico.

Mientras tanto, en Nueva España, se celebró el juicio de residencia a Otermín. Los juicios de residencia servían para controlar o auditar la labor de la persona enjuiciada, en este caso el gobernador de Nuevo México. Con la información disponible y con la que pudieran aportar nuevos testigos o informes se valoraba si la función del enjuiciado era motivo de algún tipo de castigo. Tras 30 días se creó un informe que fue expedido al virrey con copia de todas las declaraciones en el que se absolvió a Otermín de todas las acusaciones.

La segunda expedición de "reconquista" tuvo lugar en 1689 a cargo de Domingo Jironza Pétriz de Cruzate y estaba apoyada por un pequeño ejército de 80 hombres. 50 de ellos resultaron heridos en una cruenta batalla contra los zia en la que perecieron 600 de estos indios. Pero supuso la vuelta a Nueva España de los castellanos dado que no tenían recursos para seguir hacia el norte.

Mientras tanto entre los indios pueblo y vecinos seguían sucediéndose con frecuencia guerras, zuñi, hopi, zia, pueblo, ute, keresan combatían entre ellos y sólo hizo que debilitarles más y más. Acompáñese con una sequía que la leyenda dice que dejó hasta al río Grande sin agua y se reúne el perfecto cultivo para un desastre. Desastre para ellos porque finalmente España empezó a reorganizar de verdad sus fuerzas para recuperar Nuevo México. Su autor sería Diego de Vargas, de nombre completo Diego de Vargas Zapata y Luján Ponce de León y Contreras.

Reproducción de la pintura de Diego de Vargas de autor desconocido que cuelga en la colección del Palacio de los Gobernadores. El retrato original se encuentra en la Capilla de la Cuadra de San Isidro en Madrid [Wikimedia]

El 10 de agosto de 1692 Diego de Vargas anunció la expedición de reconquista y a pesar de que su ejército lo componían apenas 60 hombres armados y un centenar de indios aliados se plantaron en Santa Fe, capital de la Nuevo México española, sin disparar sus arcabuces, sitió la ciudad con relativa facilidad y consiguió que los indios se sometieran sin derramar una gota de sangre. Nuevo México volvía a ser española con su capital Santa Fe el 13 de septiembre de 1692.

Semejante reconquista se explica, primero, por la debilidad de los indios pueblo, acosados por las razias externas y desgastados por batallas intestinas pero también por la considerable mano izquierda de Vargas. Diego de Vargas reconoció rápidamente que los ataques de los navajos y apaches eran causa de sufrimiento y pobreza para los pueblo y los frenó con los potentes militares españoles lo que congració al resto de indios. También fue hábil en haber aprendido de los errores de sus predecesores que se habían excedido en el trato a los locales con lo que fue más permisivo con las creencias y rituales —lo que viene a ser un sincretismo, una mezcla entre religión cristiana y creencias locales que los monjes supieron entender y mirar a otro lado por el bien de todos— pero también en respetar a las mujeres o emplearlos en el trabajo en condiciones dignas y no en condiciones de semi o completa esclavitud. Incluso aunque hubo numerosos levantamientos seguía perdonando a los capturados creando un clima de confianza entre los indios que fue calando entre las diferentes tribus. Un año después de la reconquista militar los nuevos colonos llegaron en un caravana de 1000 almas arribando doce años después a la capital Santa Fe.

A finales de año un complot fue sofocado, esta vez sí, con gran derramamiento de sangre dada la superioridad española y nunca más los indios les vencieron una batalla. Varios levantamientos más fueron también sofocados rápidamente y aunque llevó cuatro años la completa reconquista fue efectiva en diciembre de 1696, ésta ya era un hecho. Hasta 1821 Nuevo México fue España de nuevo. Y todo ello con la colaboración de los pueblo que fueron fieles aliados y muy buenos soldados siendo especialmente útiles para repeler a los apache.

Y tras los españoles, que nadie lo dude, vinieron tiempos mucho más oscuros que llegan hasta nuestros días y nunca más tuvieron control absoluto sobre sus tierras. En 1848 pasó a manos estadounidenses en un vergonzante acuerdo con México. Actualmente, poseen o mejor dicho controlan en ocasiones amplios territorios, se someten a leyes federales pero tienen las suyas propias, nadie fuera de sus pobladores originales puede acceder sin permiso pero languidecen en su mayoría en terrenos no siempre fértiles y encerrados en las propias "cárceles" que otros les erigieron. Financiados parcialmente por los casinos sobre los que tienen que pagar poco o ningún impuesto como una financiación indirecta, las poblaciones indias son islas de una historia que no volverá dentro de un gran país que nunca se preocupó por sus pobladores originales.

De hecho, los indios que se puede considerar que mejor viven en la actualidad, tienen más y mejores tierras, tienen menos problemas sociales y están mejor integrados son los que compartieron territorio con los españoles. Y no es casual. Gobiernos como el de Vargas fueron claves para un trato más justo, leyes como las españolas o tribunales que castigaban los excesos de los gobernantes mejoraron las relaciones y sistemas de gobierno y legislativos muy avanzados para su época sentaron unas bases para que las sociedades resultantes quedaran en una mejor situación. No quiere decir que no se cometieran excesos, que no se fuera cruel, que no se esclavizara o que España, como ninguna otra nación, tenga el más mínimo derecho de invadir y colonizar unas tierras que no le pertenecen. Pero, como siempre, hay formas y formas de hacerlo y la historia y la realidad presente hablan por sí solas.

Quizá sea casualidad, quizá no, pero los colores de la bandera de Nuevo México conservan los de la española combinados con un símbolo indio. Bandera sincrética.



«The Pueblo Revolt: The Secret Rebellion that Drove the Spaniards Out of the Southwest»
 
(David Roberts) │ «La rebelión del odio. La insurrección de los indios Pueblos en 1680» (José Enrique López Jiménez) │ «Through Indian Eyes. The Untold Story of Native American Peoples» (The Editors of Rider's Digest)



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14 de agosto de 2023

Catua y Omtua, los corredores mensajeros nuevomexicanos

La tradición de emplear corredores mensajeros entre los indios originarios de los Estados Unidos (y muchas otras zonas de América) está ampliamente documentada. Aparte de la no existencia de caballos hasta que fueron importados por los españoles primero y posteriormente por otros pobladores europeos, la versatilidad humana y la extraordinaria resistencia en largas distancias los hacían ideales para acometer la misión, algo extendido en el tiempo y en el espacio entre otras civilizaciones en el mundo.

Aunque se conocen muchas etnias, tribus y usos de corredores como mensajeros del actual Estados Unidos el cómo se empleaban no siempre está del todo claro. Al igual que ocurría con los iroqueses del noreste (grandes lagos y actual Estado de Nueva York) era normal emplear relevos entre tribus. En el caso de los nuevomexicanos también se utilizaban pero en el caso concreto que nos ocupa, la Revuelta de los Pueblo, siempre se destacan dos hombres como si toda la comunicación hubiera recaído en estos dos corredores. Se llamaron Catua y Omtua.

Una vez trazado el plan entre los líderes de cada etnia, reunidos secretamente durante meses si no años, acordado el modo de proceder y selladas las alianzas restaba coordinar el cuándo. Porque lo que tenían claro los pueblo era que la revuelta debería de hacerse de una forma conjunta, sorpresiva y contundente porque cada tribu aislada no tendían la fuerza suficiente ni siquiera con el factor sorpresa.

Recaída buena parte de la responsabilidad en Popé en cuanto a acordar el ataque se eligió el día de acuerdo a la fecha prevista de reaprovisionamiento. Periódicamente se recibían caravanas de carretas, soldados de refresco o nuevos pobladores en fechas determinadas. Al ser periódicas podía preverse el siguiente reaprovisionamiento, pero conviviendo con los españoles en teórica armonía, saber con precisión cuándo se iba a producir era cuestión de espionaje y traicionar confianzas. Y ambas ocurrieron. La fecha ideal del ataque sería antes de un reaprovisionamiento pues las fuerzas estarían más débiles, los depósitos de grano o munición menguados y las fuerzas más justas. Conocida esta importante información se fijó la fecha del 11 de agosto de 1680 para el ataque. Y aquí entraron en juego los corredores mensajeros.

Propuesta de escultura en honor de los corredores Catua y Omtua mensajeros en la Revuleta de los Pueblo por George Rivera [Santa Fe New Mexican]


Muy posiblemente partiendo desde Tesuque, dos corredores de nombre Nicolás Catua y Pedro Omtua —todos los nombres eran cristianizados, generalmente nombre y apellido aunque en este caso parece sólo el nombre— partieron a comunicar al resto de poblaciones indias la noticia del levantamiento. Muy ligeros, casi desnudos, avanzaron por sendas para alcanzar estos poblados donde se reunirían secretamente con sus líderes para confirmarles las noticias del levantamiento. Y el cuándo. El cuándo lo hacían con una forma original que preservaba el dato de miradas indiscretas: portaban cuerdas con nudos que debían deshacerse de uno en uno por cada día que pasara; el día que la cuerda no tuviera nudos era el día del ataque coordinado. La orden era aniquilar todo español que pudieran, hombre, mujer o niño.

Catua y Omtua recorrieron muchos pueblos, desde Tesuque hasta antes del pueblo de Isleta donde se sospechaba que sus dirigentes eran proespañoles. Pero algunos líderes tribales no estuvieron de acuerdo con el levantamiento o bien cambiaron de opinión y se lo comunicaron a los españoles tras lo cual se lanzó un operativo para detener a los corredores.

Sin grandes dificultades los corredores fueron apresados e interrogados, fueron llevados a prisión donde serían torturados hasta que confesaron el motivo de que portaran cuerdas con nudos pero afirmando desconocer cuál era la información que activaba el último nudo, algo que se sabe que era falso. No sólo eso sino que engañaron a sus torturadores diciendo que la rebelión se había planificado para el día 13 de agosto. Cuando las tribus fueron conocedores de que Catua y Omtua habían sido apresados adelantaron un día la revuelta con lo que en vez del 13 como creían los españoles, el 11 que era la fecha original, el alzamiento tendría lugar el día 10. Para comunicar el cambio de fecha se mandaron a otros corredores y en el momento del levantamiento se encendieron hogueras visibles a distancia.

Aunque se desconoce el trazado que siguieron Catua y Omtua hay certidumbre de su "área de comunicación" la cual no es lógica alcanzarla sólo con dos corredores por lo que debió de existir otros que fueron diseminando la noticia. Sin ser un ser sistema establecido como el del imperio azteca pues no eran poblaciones centralizadas o coordinadas, sí era un sistema de comunicación que en buena medida sería por relevos, cuando la etnia vecina mandaba a un corredor portando un mensaje la propia mandaba otro corredor para transmitírselo a la población vecina. Es un sistema rápido, fiable y que se nutría de corredores locales, conocedores del terreno y al no ser distancias excesivas, de veloz transmisión de la información.

Catua y Omtua fueron ejecutados y cuando se conoció la noticia la consternación fue mayúscula entre los pobladores originarios. Sin saber necesariamente cuánta información habían revelado, lo que sí era cierto es que los españoles sabían ya que había algo en marcha y que los pueblo debían tomar una decisión rápida. Aparte de adelantar el ataque también asesinaron a un joven, Cristóbal de Herrera, de edad parecida a Catua y Omtua, como represalia por la muerte de éstos. Cristóbal no sabía nada de la conspiración, ni del apresamiento y ejecución de los corredores, era español y el odio era extremo. 


«Carta del gobernador y capitán general, don Antonio de Otermin, de Nuevo México, en la que le da un relato completo de lo que le ha sucedido desde el día en que los indios lo rodearon» [Biblioteca de la Universidad de California Davis] │ «Running. A global history» (Thor Gottas) │ «Indian running» (Peter Nabokov) │ «The Pueblo Revolt: The Secret Rebellion that Drove the Spaniards Out of the Southwest» (David Roberts) │ «La rebelión de Nuevo México (1680-1692). ¿Triunfo, pero efímero, o efímero, pero triunfo?» Arqueología Mexicana núm. 111, Bernardo García Martínez) │ «La rebelión del odio. La insurrección de los indios Pueblos en 1680» (José Enrique López Jiménez)



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8 de agosto de 2023

La Revuelta de los Pueblo

España ya estaba en decadencia para 1680, sus posesiones estaban regidas por los hijos o los nietos de los que las conquistaron con decreciente, poca o nula afección por la madre patria, perdida en mil guerras a las que no daba abasto y corrompida internamente por reyes —o "reyezuelos de palacio" que hacían las funciones de éstos— a cada cual más inepto. Aunque tardó siglos en descomponerse el imperio español —sirva como referencia la pérdida de la Armada española contra los ingleses que fue en 1588 o cuando se perdió Cuba en 1898— sólo por la pérdida de la población castellana de 6,5 a 6 millones de 1600 a 1680 da una idea de la lenta decrepitud del país.

En el caso de Nuevo México nunca aportó grandes riquezas y las distancias eran enormes (con Ciudad de México, capital de Nueva España, a más de 2000 km, un viaje de ida y vuelta conllevaba muchos meses) con lo que era fácil suponer que con un imperio en decadencia cada uno iba a extraer todo lo que pudiera para sí y las leyes eran poco más que papeles sin valor sobre el terreno. La decadencia moral, los abusos de los religiosos, el despotismo como forma de gobierno sobre los locales degeneraron la sociedad, la convivencia y la sensación de estar en y ser el fin del mundo arrastraron a sus pobladores a una mentalidad autodestructiva y miope.

Autodestructiva porque no se puede someter a una población indefinidamente y miope porque se estaba larvando un odio hacia todo lo español, personas, instituciones, creencias, que tarde o temprano alguien iba a instrumentalizar en algo grande. Ese alguien fue el citado Popé. Y ese algo grande sería la conocido como Revuelta de los Pueblo.

Representación artística de Popé, Popay o Po'pay [New Mexico Nomad]

Encarcelado un tiempo antes, tras ser liberado su estancia en la cárcel sirvió poco más o menos para hacer fermentar ese odio hacia los españoles. A pesar de que él y la mayoría de sus compañeros chamanes encarcelados fueron liberados ante la petición de clemencia de la población a lo que los españoles accedieron positivamente de una forma sorpresiva, tres de ellos ya habían sido ejecutados y uno se suicidó, la liberación no fue más que un parche a una situación insostenible. Alguien tenía que liderar una revuelta y Popé se erigió como ese líder.

A pesar de que muchos de los pueblo y otras etnias se llevaban a matar un enemigo común en ocasiones sirve como pegamento para aunar fuerzas contra él. Se sabe poco de Popé (Po'pay), apenas su lugar de nacimiento y fecha aproximada (San Juan u Ohkay Owingeh, hacia 1630) y que era un chamán reconocido de los tewa, una etnia rival de los pueblo, y que tras el encarcelamiento mencionado por asuntos de chamanería se estableció en Taos, al norte del Estado de Nuevo México donde empezó a pergeñar su plan. Su plan era, evidentemente, unir fuerzas con otras tribus y levantarse contra los españoles.

Secretamente se fueron reuniendo los líderes de diferentes tribus que fueron enterrando sus diferencias al menos temporalmente ante un fin común. Primero atacarían a los españoles que se encontraban más alejados de los núcleos de población y por tanto más indefensos. A continuación se aislarían localidades para desconectarlas de la capital y de posibles ayudas. Y tercero, atacar o sitiar hasta la rendición y destrucción Santa Fe, capital de la provincia, y con ella la presencia española en Nuevo México. Sin duda era un plan brillante.

Con el plan trazado se pasó a la fase de comunicación entre tribus y coordinación del ataque. Para ello se utilizaron corredores que transmitieron el mensaje. Pero no todo les iba a salir bien a los indios.

El plan debería ser secreto para que tuviera éxito aunque se sabe que hubo soplos y los españoles conocieron de sus existencia aunque en una primera fase no le dieron demasiada importancia en un primer momento en un grave error mezcla de arrogancia y estulticia. 82 años de opresión se acercaban a su fin, o eso creían los pueblo.

El soplo no fue precisamente español, varios jefes tribales lo comunicaron. La información también llegó a los oídos de un fraile español que al enterarse trató de comunicarlo al gobierno de Santa Fe pero fue perseguido y asesinado en el camino. Los delatores reales de la conspiración india fueron gobernadores indios de varias poblaciones como Taos, de donde partía la revuelta, Pecos, al este del Camino Real, y La Ciénaga, que advirtieron al gobernador Antonio de Otermín de los preparativos de la revuelta. Ante los informes venidos de diferentes puntos el gobernador Otermín mandó apresar a los corredores mensajeros, Catua y Omtua, y es entonces cuando se conoció que el levantamiento era real e inminente. 

Las diferentes tribus se fueron levantando coordinadamente ante el pasmo de los españoles un día antes de la fecha fijada al ser los indios conocedores de que los corredores mensajeros habían sido apresados pero en muchas localidades sólo había frailes desarmados que fueron asesinados sin miramientos y es que si había un colectivo que los indios odiaban más eran éstos por las muchas y variadas tropelías que habían cometido contra los indios con lo que se ensañaron especialmente con ellos. De los treinta y tres religiosos franciscanos veintiuno de ellos fueron asesinados, algunos previa tortura y vejación. Cerca de 400 españoles sucumbieron en la Revuelta de los Pueblo, casi todos en el primer día, el 10 de agosto de 1680, en una coordinación operación de asalto a muchas poblaciones o ranchos aislados para luego marchar a la capital, Santa Fe, a la que se atacó y ante la defensa se sitió.

Los cerca de mil españoles cercados en Santa Fe resistían como buenamente podían y el relato de Otermín da una idea de lo extrema de la situación, rodeados por todos lados, lanzándoles continuos ataques con los arcabuces que habían robado, equipados con caballos españoles y en una proporción mucho más favorable para los intereses de los indios, la comunidad española estaba abocada a ser exterminada. Se estima que la proporción de guerreros indios y españoles era 25:1. Porque de los mil españoles apenas unos pocos eran soldados y estaban capacitados para empuñar un arma. Además, más refuerzos indios estaban en camino. Tras cinco días de escaramuzas y otros cinco de asedio en los que el agua escaseó como para que empezaran a morir los animales que se mantenían dentro del fuerte-palacio la situación era cada vez más desesperada.

Un sueño de Santa Fe de Ramón José López [Arts Mia]

Tan desesperada que en la mañana del 19 de agosto se lanzó una contraofensiva con toda la fuerza disponible para abrirse paso. El propio Otermín recibió dos flechazos en la cara y un disparo de arcabuz en el pecho que cerca estuvo de costarle la vida. Pero la valiente contraofensiva de un ejército bien mandado y la desesperación se cobraron su fruto: más de 300 indios yacían muertos por apenas cinco españoles. Santa Fe era tierra quemada y todos los pobladores abandonaron en una lúgubre procesión la ciudad que albergó al poder español ý se encaminó primero hacia la ribera del río Grande y luego en dirección sur.

Rutas seguidas por los españoles en su huida de Nuevo México tras la revuelta de los pueblo de 1680: en azul claro, ataques del 10-11 de agosto en norte (Taos), este (Pecos), Santa Fe (capital) y sur (Albuquerque, Bernalillo, Isleta); en azul medio concentración de pobladores y tropas en Santa Fe e Isleta, al sur del actual Albuquerque, siendo el sur el que inicia, por desconocer que había españoles con vida en el norte, el 14 de agosto, llegando a Socorro el 24 de agosto y a El Paso, frontera con el actual México el 5 de septiembre; en azul oscura, sitio de Santa Fe (15-19 de agosto), 21 de agosto inicio de la marcha del grupo norte desde Santa Fe, llegada a Isleta/Albuquerque el 3 de septiembre, 7 de septiembre a Socorro, 22 de septiembre llegada a La Salineta/El Paso y fin de la presencia española en Nuevo México. 


La lúgubre marcha al sur esperaba encontrar lo que no hizo en Santa Fe, refuerzos venidos desde el sur. Existía un subgobierno en la mitad sur de Nuevo México y durante los días de asedio esperaron en vano que los compatriotas asomasen por el horizonte y rompiesen el cerco. No fue así y en la marcha de los huídos de Santa Fe y cerca de la actual Albuquerque Otermín supo que el gobernante del sur y sus pobladores se había marchado hacía unas dos semanas al creer, erróneamente, que todos los españoles al norte habían sido asesinados. Sin el soporte de sus compatriotas pero ya en tierra amiga pues éstas eran las de indios con los que había buena relación, la caravana de pobladores de Santa Fe siguió rumbo sur hasta El Paso. Los indios no les atacaron, les vigilaban de lejos pero tras la brutal pérdida de hombres al romper el asedio de Santa Fe debieron estimar que mientras se dirigieran a México era mejor no atacar.

Antonio de Otermín en su carta del 8 de septiembre de 1680 relatando los hechos se autoinculpa y afirma que : «Ha llegado el momento en que, con lágrimas en los ojos y profundo dolor en mi corazón, empiezo a dar cuenta de la lamentable tragedia, como nunca antes había ocurrido en el mundo, que ha ocurrido en este miserable reino y santo custodia, habiéndolo permitido así Su divina Majestad por mis graves pecados.» Tres años después, en ausencia, fue despojado de su cargo de gobernador y capitán general de Nuevo México.

El éxito, la expulsión de los que, en ojos de los nativos, eran unos invasores, las consecuencias y la expulsión de los mismos de sus tierras es el mayor éxito indio en su historia de enfrentamiento con los occidentales. Supera, con mucho, la masacre del general Caster por sioux y cheyene en Little Big Horn en 1876. No sorprende que sea un referente cultural para los indios americanos aún hoy. Desde ese día de agosto de 1680 Nuevo México volvía a ser de los pueblos originarios.


Popé [Wikipedia] │ Antonio de Otermín [Wikipedia] │ «Carta del gobernador y capitán general, don Antonio de Otermin, de Nuevo México, en la que le da un relato completo de lo que le ha sucedido desde el día en que los indios lo rodearon» [Biblioteca de la Universidad de California Davis] │ «Running. A global history» (Thor Gottas) │ «Indian running» (Peter Nabokov) │ «The Pueblo Revolt: The Secret Rebellion that Drove the Spaniards Out of the Southwest» (David Roberts) │ «La rebelión de Nuevo México (1680-1692). ¿Triunfo, pero efímero, o efímero, pero triunfo?» (Arqueología Mexicana núm. 111, Bernardo García Martínez) │ «La rebelión del odio. La insurrección de los indios Pueblos en 1680» (José Enrique López Jiménez)



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3 de agosto de 2023

Los años turbulentos en Nuevo México

Con un asentamiento fijo de unos 200 españoles y con un gobernador que estaba siento procesado por numerosas cargos, el sucesor de Oñate fue Pedro de Peralta. Su llegada en 1610 y su breve tiempo en Nuevo México (hasta 1613) no le permitieron hacer demasiadas cosas excepto una que le sobrevive: movió la capital a Santa Fe donde permanece en la actualidad. De hecho el edificio de gobernación desde donde se ejercía el poder, actual del museo de Nuevo México, es el edificio público más antiguo de los Estados Unidos. La principal razón de trasladar la capitalidad fue porque existía un precepto español que impedía trastocar la vida de los habitantes originales y San Gabriel, donde estaba el principal asentamiento español hasta la fecha, era una población india. Sí, España tenía leyes que protegían a los indios, y eran duramente castigados quienes las infringían y una de ellas fue que ocuparon un pueblo indio sin demasiados miramientos. Santa Fe, en buena parte, nace del respeto hacia los locales.

Palacio de los Gobernadores de Santa Fe creado por Peralta. Es el edificio público más antiguo de Nuevo México.

La situación que se encontró Peralta fue crítica: deserciones, casi hambruna y pobreza generalizada. Esto entre los españoles. De hecho ya el 13 de septiembre de 1608 se había recomendado el abandono de Nuevo México dada la situación límite en la que se encontraba. Quizá las altas conversiones de almas indias al cristianismo ayudaron a que el rey Felipe III redoblase los esfuerzos en tierras nuevomexicanas en vez de abandonarlas. 

Pero la llegada de Peralta no fue precisamente la que apaciguó algunas aguas porque al arribar comprobó el alto poder que tenían los franciscanos algo que el gobernador rápidamente quiso cambiar con el consiguiente enfrentamiento con los miembros de la Iglesia. Las luchas entre españoles, gobernantes civiles y eclesiásticos, fueron tan intensas que Peralta llegó a ser detenido en nombre de la Santa Inquisición con lo que la Iglesia se convirtió de facto en la que llevó los asuntos no sólo celestiales sino también mundanos de Nuevo México. Los españoles expertos en pegarse tiros en el pie desde siempre.

Estatua de Pedro de Peralta en Santa Fe [Hidden Hispanic Heritage]

Los frailes, con funciones de reyezuelos de sus dominios, jugaron un papel crucial en el creciente descontento indio. Aunque las leyes españolas prohibían explícitamente explotar a los lugareños, las grandes distancias con la capital de Nueva España, de en torno a los seis meses por sentido, las propiedades que se hicieron poseer los franciscanos (y no franciscanos) y las formas de gestionarlas donde se les hacía pagar a los locales en forma de porcentaje de lo que se extraía del suelo fueron polarizando las posiciones indias y separando la ya importante brecha con los españoles. Todo ello a sabiendas de que lo que se estaba haciendo era ilegal pues, repetimos, la ley prohibía estas prácticas. 

Las iglesias —construidas sobre pueblos ya existentes— y los bautismos crecían por doquier a fuerza de someter a los indios y es que los abusos empezaban a rozar el escándalo y a nadie le debería de sorprender que si un día hubiera un levantamiento indio los eclesiásticos iban a recoger lo que estaban sembrando.

En 1626 se constituyó oficialmente la Santa Inquisición en Nuevo México y como hemos visto una de sus medidas estrella fue la detención de su gobernador Oñate. La Inquisición ha sido siempre y casi en exclusiva un órgano de ejercer el poder a través del miedo. Los juicios, las sentencias, las torturas y las ejecuciones no dejaban de ser instrumentos de poder, religiosos cuando lo eran, políticos cuando tocaban pero sobre todo de control social. Con esta nueva herramienta los religiosos ejercieron un nuevo poder a la vez que se ganaban enemistades entre los locales.

Aunque es ligeramente posterior al periodo (1710-1755) la iglesia de San Francisco de Asís de Taos es un buen ejemplo de la arquitectura tradicional nuevomexicana con gruesos muros de adobe.

Siguientes gobernadores, cada vez más sesgados al lucro personal y menos a la prosperidad de los asentamientos, continuaron abriendo la abismal brecha con los indios que eran cada vez más y más sometidos, laboral, espiritual y socialmente. Una de las lacras fue el sistema de encomiendas, que no era otro que el derecho otorgado a los nuevos pobladores a cobrar tributos a los nativos, derecho que se transmitía de padres a hijos. Y de cobrar un tributo a esclavizar por las deudas contraídas había un breve paso. Lógicamente ser un encomendero era una posición de privilegio y en el caso de Nuevo México, a meses vista de Nueva España y mucho más de la madre patria daba pie a desmanes y abusos. 

La segunda mayor lacra era el repartimiento por el cual los nativos debían trabajar en obras consideradas de interés público. Y, otra vez, hecha la ley hecho el abuso: a consideración de los funcionarios se consideraban unas cosas como de interés público que podían serlo o podían no serlo, como trabajar en haciendas de los mismos funcionarios o amistades y todo tipo de atropellos con una pátina de legalidad que no era tal.   

En este período de lo mejor que hicieron los españoles fue frenar las razias de otros indios, nómadas, especialmente de los belicosos apaches, y que tradicionalmente habían sembrado de terror a los indios asentados. Con el poderío militar español en Nuevo México se respiró tranquilidad... pero a cambio las expediciones españolas en más de una ocasión eran no tanto para defenderse sino para esclavizar con lo que han supuesto otra mancha para el legado español.

Para acabar de completar la ecuación de pobreza, destrucción y resentimiento una epidemia de viruela diezmó especialmente a los indios, y una hambruna generalizada seguida de otra ola epidémica remató a una población que se acercaba a buen ritmo al abismo de la extinción. Entre la explotación española, las guerras, las hambrunas y las epidemias que importaron inintencionadamente los españoles la población india pasó de 80 000 a 20 000 personas desde la entrada de Coronado, 130 años antes. Es cierto que muchas de las muertes, la inmensa mayoría, en América fueron debidas a virus y no a guerras o explotación pero quien llevó los virus a tierras americanas no fueron otros que los españoles (y otros europeos en otras latitudes y tiempos).

El malestar entre los indios era generalizado, con sus congéneres muriendo, esclavizados o casi, enfermos y hambrientos, sometidos a un poder que les venía de fuera, con su sistema de creencias perseguido por unos frailes fanáticos y por unas estructuras sociales que les eran ajenas. Se demostraba con las enfermedades que el Dios cristiano no ejercía ningún poder pues estaban siendo diezmados a pesar de haberse convertido a ella. Sólo faltaba una chispa para encender el incendio. 

La gota que pudo colmar el vaso fue la detención de 47 chamanes de los cuales tres fueron ajusticiados y uno se suicidó previendo su destino por practicar ritos en contra de la fe cristiana. De entre los 47 estaba un chamán de nombre Popé que guardó para sí todo el odio que se puede guardar a unos irresponsables conquistadores que no cumplían las leyes de su país y que campaban a sus anchas como si fueran sus cortijos, explotando y saqueando para su propio beneficio. Popé fue el cabecilla de una rebelión que el 9 de agosto de 1680 levantaría en armas a los pueblo y que se comunicó con dos corredores. El 9 de agosto de 1680 se inició lo que ha pasado a la historia como la Revuelta de los Pueblo.


Pedro de Peralta [Wikipedia] │ «Torquemada. El santo inquisidor. Una historia del Santo Oficio» (Iván Vélez) │ «Armas, gérmenes y acero. Breve historia de la humanidad en los últimos trece mil años» (Jared Diamond) │ «The Pueblo Revolt: The Secret Rebellion that Drove the Spaniards Out of the Southwest» (David Roberts) │ «La rebelión del odio. La insurrección de los indios Pueblos en 1680» (José Enrique López Jiménez)



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31 de julio de 2023

Juan de Oñate, el verdadero conquistador de Nuevo México

Las ansias de riqueza no decaerían. Tampoco las de acaparar almas. Con el establecimiento de un convento en el camino y no tan al oeste como la entrada de Coronado sino cerca de la actual Chihuahua y cerca de unas minas de plata de Santa Bárbara partió en 5 de junio de 1581 Francisco Sánchez Chamuscado con una nueva expedición en dirección norte pero comparada con la de Coronado era ridículamente pequeña: nueve soldados, tres frailes —los franciscanos eran de hecho los patrocinadores de la expedición— y nueve indios como sirvientes. Además desconocían mucho de lo acontecido con expediciones anteriores, tanto que creían que eran los primeros españoles por la zona cuando eran los cuartos (el cuarteto de Cabeza de Vaca, la del fraile Marcos de Niza y la de Coronado). Ignoraban también que el recuerdo de los de Coronado no era el mejor y que había periódicas razias de españoles capturando a indios.

Siguieron principalmente el curso del río Grande que cruza el Estado de Nuevo México de norte a sur y que en México se llama río Bravo. La expedición les llevó diez meses y cruzaron no menos de 60 pueblos. Sin embargo no encontraron Cíbola, no se hicieron ricos y lo poco que se recuerda de esa expedición es el nombre: nombraron a estos nuevos territorios San Felipe de Nuevo México, en honor del rey Felipe, que se acortaría a Nuevo México que es el nombre actual del Estado americano una vez fue vendido por el gobierno mexicano al estadounidense. Una vez más varios frailes se quedaron con la misión de evangelizar y una vez más fueron asesinados poco tiempo después.

Exploraciones españolas en América del Norte [José Antonio Crespo-Francés]

Como orden real y no como empresas privadas se decretó que era el momento de establecer asentamientos estables en Nuevo México y ejercer el dominio sobre estas tierras. La motivación era múltiple: desde evangelizar (luego los fanáticos son otros) a ganar territorios con presuntas riquezas o parar el más que posible avance francés por el este. Así, entre 1582 y 1593 al menos cuatro expediciones partieron de la zona de Chihuahua con el fin de someter, controlar y evangelizar Nuevo México y sus diversos pueblos. El nombre de pueblo, que puede ser por la doble acepción en castellano de asentamiento o etnia, es el nombre que ha permanecido en inglés también y así los indios que se establecían en buena parte de Nuevo México se les llama los pueblo cuando en español no tiene demasiado sentido.

Las expediciones o entradas, todas con mucha aventura, una buena pizca de descubrimiento de muchas nuevas tierras pero generalmente no mucho más que toponimias y pocas riquezas las llevaron a cabo Antonio de Espejo, Gaspar Castaño de Sosa, y Antonio Gutiérrez Umana y Francisco Leyba de Bonilla (en otras referencias Humaña y Leyva) y prácticamente todas fueron un cúmulo de desastres que además dejaron tras de sí un reguero de muertes indias que pesarían en el malestar local para futuras conquistas. Además, la mayoría fueron consideradas ilegales pues no tenían la sanción de las autoridades. En esta última expedición, la de Umana y Leyba, el único superviviente de la misma, el indio Jusepe Gutiérrez, fue capturado durante un año por los apaches hasta que escapó o fue liberado y pudo volver a México; le contaría seis años más tarde el relato de la misma a Juan de Oñate, personaje clave de la historia de Nuevo México. 

Al poco de llegar Jusepe Gutiérrez a Ciudad de México se embarcó en otra expedición con Vicente de Zaldívar Mendoza con la que llegaron a las grandes llanuras al este, entablaron buenas relaciones con los apaches de los que llegaron a hablar su lengua y trataron de domesticar a los bisontes que poblaban por millones el área antes de que los colonos europeos más allá de los Pirineos los esquilmaran hasta su práctica extinción. Y si "sólo" fueran los bisontes...Pero la Leyenda Negra es la española.

Expediciones de Francisco Sánchez y Antonio Espejo [José Antonio Crespo-Francés]

Juan de Oñate Salazar ya era criollo, nacido en Zacatecas, al norte de Ciudad de México, donde su padre explotó una mina de plata y es una ciudad que es conocida por los muchos kilómetros de túneles. Zacatecas fue fundada por cuatro vascos, uno de ellos el padre de Juan, y atrajo a muchos buscavidas dada la riqueza que atesoró. En este ambiente de privilegios, aunque también de peligros, creció Juan dado que a pesar de su muy acomodada posición social también desde la temprana edad de catorce años combatía contra los chichimecas, belicosos indios del norte de México. Él mismo descubrió algunos yacimientos auríferos entre los que destaca San Luis de Potosí. Se casó con una nieta de Hernán Cortés, bisnieta a su vez del último emperador mexica.

El 29 de marzo de 1583 se obtiene la Real Cédula por la cual se daba autorización para organizar una expedición y doce años después (sin prisas) es Juan Oñate quien obtiene el permiso para llevarla a cabo aunque la misma no arrancaría hasta tiempo después por las intrigas palaciegas tan españolas. Las capitulaciones darían a Oñate «el título de adelantado, gobernador y capitán general de las nuevas conquistas durante cinco generaciones» a cambio de costearla por sus propios medios lo que no supuso un gran problema dadas las riquezas de Oñate. 129 soldados, 400 indígenas tlaxcaltecas, algunos frailes, una gran cantidad de esclavos negros, mujeres y niños, 83 carretas con alimentos y la asombrosa cifra de 7000 cabezas de ganado. La caravana tenía una longitud de diez kilómetros con lo que sería perfectamente visible desde la distancia y eran capaces de cubrir apenas ocho kilómetros al día. Siguieron la ruta clásica por Chihuahua y El Paso del Norte (actual El Paso en la frontera de México con Estados Unidos) y a la vera del río Grande, auténtica espina dorsal de Nuevo México. Este camino norte-sur junto al río más tarde se denominaría Camino Real de Tierra Adentro, un importante eje entre las posesiones españoles de México/Nueva España y las tierras del norte y uno de los cuatro que conformó Nueva España (México) con salida en la capital siendo el del este el que iba al Atlántico, hasta Veracruz, al oeste hasta el Pacífico en la ciudad de Acapulco, al sur a Guatemala y este del norte hasta Santa Fe.

Cuatro meses tardó la expedición en llegar al río Grande (las distancias en la mitad norte de México son enormes) y tras cruzar a la ribera norte solemnemente se hizo acto de toma de posesión de aquellas tierras en nombre del rey Felipe II. El acto fue acompañado de misa y una comida que incluyó pescados, ciervos... y aves siendo considerado el primer Día de Acción de Gracias o Thanksgiving en los Estados Unidos de Norteamérica. Para amenizar la sobremesa-cena se celebró una comedia y de nuevo fue la primera representación teatral del actual país norteamericano.

Para dar una idea de las distancias más arriba comentadas baste decir que de Ciudad de México hasta Santa Bárbara (lugar de salida de la expedición) hay 1300 km; de Santa Bárbara a El Paso, 700 km, donde el mismo río Bravo mexicano pasa a denominarse río Grande en el estadounidense ; de El Paso a Socorro, 300 kilómetros más, que fue donde pudieron proveerse de maíz cuando la expedición estaba al borde de la hambruna, de ahí el nombre de Socorro; y otros 250 km más hasta Santa Fe.

A los seis meses de la partida contactaron con dos mexicas cristianizados que les fueron de gran ayuda por conocer la lengua local (en realidad había docenas de ellas) con lo que les incorporaron a la expedición española. Todas las relaciones con los pobladores originarios fueron pacíficas, se realizaron otras expediciones menores tanto al oeste como al este y en una de ellas en la que Oñate participó personalmente fueron atacados y tras ofrecerles la paz y negársela los indios se decidió atacar con el sangriento resultado de 680 indios muertos y más de 600 hechos prisioneros que fueron esclavizados por largo tiempo y se les sentenció a la amputación del pie derecho aunque se dice que no se llevó a cabo en un teatrillo clásico de españoles y sus frailes en los que éstos solicitaban la clemencia que finalmente conseguían y ganándose el respeto de los locales.

«Paso por aq[u]i el adelantado don ju/an oñate del descubrimiento de la mar del sur a 16 de Abril del 1605.», grafito de Juan de Oñate en Inscription Rock, Monument Valley [New Mexico Magazine]

Aunque las expediciones seguían descubriendo o redescubriendo territorios los colonos estaban descontentos pues de las riquezas y prosperidad prometidas no quedaban ni las palabras. Algunos de ellos desertaron, con el consiguiente enfado y persecución de Oñate que les obligó a reincorporarse aunque algunas de estas duras reincorporaciones llegaron a oídos de los virreyes del sur y se empezó a organizar una investigación por la toma de decisiones de Oñate. Oñate, sin embargo, seguía sin hacer demasiado caso a sus colonias que iba fijando en pos de más conquistas, más riquezas y más dominios para él y sus descendientes.

El 24 de agosto de 1607 se ordenó la destitución de Oñate siendo considerado culpable de varios de los cargos habiendo de pagar una cuantiosa multa, le fueron retirados sus títulos, prohibido vitaliciamente pisar suelo nuevomexicano y fue desterrado de Ciudad de México por cuatro años. Fue rehabilitado décadas después pero nunca volvería a América y moriría casi en el ostracismo en España.

Tampoco fue capaz de ver que los indios pueblo fueron viendo a los españoles con peores ojos según pasaba el tiempo, quizá ensimismado en sus subexpediciones al norte, este y oeste y con la poca relación con los locales que mostró. Pero era una realidad que Oñate no quiso ver: aunque la inmensa mayoría de las relaciones fueron pacíficas los indios fueron sufriendo las consecuencias del vasallaje con recurrentes hambrunas y creciente pobreza. Y el ánimo y la animadversión hacia los colonizadores fue creciendo.

La suya fue la expedición y colonización sostenida más exitosa hasta el momento y origen de los asentamientos permanentes —o casi— de España en Nuevo México. Esta es la gran aportación de Juan de Oñate al mapa, la posición y los dominios de España en Nuevo México; la otra aportación es el creciente odio que los indígenas sentían hacia los españoles.

Estatua de Juan de Oñate en Alcalde, Nuevo México, Estados Unidos [Wikimedia]

En 1992 se consiguieron los 108 000 dólares para la ejecución de una estatua de bronce de Juan de Oñate, personaje sin duda clave en la historia de Nuevo México. Seis años después fue amputado su pie derecho, posiblemente por indios pueblo. El pie fue repuesto para ser vandalizado de nuevo en 2017 cuando se pintó el pie derecho de rojo con la inscripción «Remember 1680» año que recordaremos muy pronto y clave de toda esta historia. En 2020 la estatua fue retirada en una ola de protestas por todo el país (incluso del continente) reclamando que aquellos con un pasado oscuro no debían ser honrados públicamente.


Francisco Sánchez [Real Academia de la Historia] │ Antonio de Espejo [Real Academia de la Historia] │ Historia de Nuevo México [Artehistoria] │ Gaspar Castaño de Sosa [Wikipedia] │ Expedición de Umana y Leyba [Wikipedia] │ Jusepe Gutiérrez [Wikipedia] │ Juan de Oñate Salazar [Real Academia de la Historia] │ «The Pueblo Revolt: The Secret Rebellion that Drove the Spaniards Out of the Southwest» (David Roberts) 



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27 de julio de 2023

La entrada de Coronado en Nuevo México

Las Siete Ciudades de Cíbola fueron la nueva obsesión de los españoles y en tres años desde la llegada de los cuatro supervivientes de la expedición de Pánfilo de Narváez se organizó una nueva liderada por el fray Marcos de Niza que tomó como punto de salida la ciudad a la que arribaron los mencionados cuatro, Culiacán, el 2 de septiembre de 1539. Se le ofreció al parecer a Cabeza de Vaca que participara pero gentilmente rechazó la oferta pero quien sí tomó parte fue Estebanico. 

No se sabe demasiado de él, era marroquí y negro, posiblemente esclavo o quizá sirviente de Andrés Dorantes de Carranza, uno de los cuatro aparecidos. Sería el primer africano en tierras americanas del que se tiene constancia. Pero sí se sabe que la increíble ruta con los otros tres y sus habilidades lingüísticas le hicieron un gran candidato para la expedición de fray Marcos de Niza. Adelantado al grupo del franciscano se dice que encontró la muerte por algún grupo de indígenas, posiblemente los zuñi aunque otra versión afirma que simuló su muerte y se quedó a vivir con ellos.

El franciscano siguió con la expedición en tierras del actual Nuevo México con el fin de evangelizar (o eso decía). Y no hay que tomar esta función como superflua dado que mucho del deseo conquistador español estaba fundado en la labor evangélica, las expediciones siempre tenían un componente religioso y se le daba mucha importancia. Lo que siguió complicando el futuro de Nuevo México es que el franciscano afirmó que a lo lejos pudo atisbar una ciudad mayor que Tenochtitlán y que los nativos usaban vajillas de plata y oro. Lo que les faltaba a algunos. Tras la vuelta de Marcos de Niza se organizó una nueva expedición, la tercera incursión española en Nuevo México, mucho mejor organizada y a cargo del virrey de Nueva Galicia Francisco Vázquez de Coronado con Marcos de Niza como guía al igual que lo había sido Estebanico en la de éste.

El 22 de abril de 1540 desde la misma localidad de Culiacán una gran expedición por tierra y por mar financiada por el propio Coronado para lo cual tuvo que empeñar buena parte de las riquezas de su acomodada mujer y pidiendo un gran préstamo para afrontarla. Es lo que se conoce, también en inglés, como la entrada, es decir, la primera incursión con ánimo real de conquista por parte de los europeos. Por tierra, 350 castellanos y 1300 aliados mexicanos además de sirvientes y esclavos y más de 1500 cabezas de ganado cruzarían los actuales estados mexicanos de Sonora y estadounidense de Arizona hasta llegar a la ciudad que indicó Marcos de Niza y que esperaban fuera una de las ciudades de Cíbola; y por mar, partiendo de la costa del Pacíficoa y adentrándose por el golfo de California. Se encontraron un sencillo pueblecito de casas de piedra y adobe con lo que los hombres de Coronado casi ejecutan al fraile allí mismo.

Coronado's March 1540 de Frederic Remington [Wikimedia]

Coronado tenía órdenes explícitas de no enfrentarse a los pueblos locales y no producir ningún daño si no eran atacados... algo que los zuñi locales sí hicieron llegando a herir de gravedad al propio Coronado que había mostrado buena voluntad bajando las armas. Y es que posiblemente el ataque zuñi fuera por un malentendido dado que los españoles entraron en el pueblo en un día de celebración cuando se les había dicho que no lo hicieran. Desgraciadamente la cosa no acabó bien para los indios pero no fue una escabechina. De esas ya habría más adelante, ni que decir tiene.

Algunos expedicionarios partieron hacia el oeste para encontrar el paso del Pacífico y en su camino descubrieron para occidente el cañón del río Colorado. La expedición como se ha dicho estaba dividida en terrestre y marítima y para encontrarse con la flota había que ir a su encuentro. La expedición de Coronado aparte del cañón del Colorado también hizo dos descubrimientos más: que California no era una isla como se pensaba en esa época, sino una península, y lo que ahora se denomina Great Divide, es decir, a partir de qué línea las aguas de los ríos desembocan en el Atlántico o en el Pacífico

La conquista del Colorado de Augusto Ferrer-Dalmau [Wikimedia]

En otra de las subexpediciones un grupo de hombres junto con indios amistosos llegaron a Bernalillo, muy cerca de la actual Albuquerque; Bernalillo fue la primera localidad española fundada por los españoles y Albuquerque es la ciudad más grande del actual Estado de Nuevo México. Y sí, es Albuquerque y no Alburquerque como la localidad extremeña porque la americana perdió una erre en los avatares de la historia pero obviamente su nombre es de procedencia española. 

Aunque la convivencia no siempre fue pacífica y hubo algunos enfrentamientos, la cosa no llegó a mayores. Los españoles estuvieron vagando durante una buena temporada siguieron pistas falsas tras el oro sin demasiado éxito y tras cerca de dos años la expedición tomó rumbo sur dejando a algunos franciscanos en labores de misión por voluntad propia. Tres de los cuatro fueron asesinados poco después. En julio de 1542 Francisco Vázquez de Coronado con los cien hombres supervivientes llegaban a Ciudad de México con las manos vacías y un ejército cerca del amotinamiento. Más de dos años de expedición en tierra hostil donde contactaron con buena parte de las tribus locales y llegaron a los actuales Estados de Arizona, Texas, Kansas y Oklahoma.

Ruta de Coronado en la expedición 1540-1542

La expedición de Coronado fue un fracaso económico llegando a ser acusado de abusos contra los indios aunque fue posteriormente absuelto. Ocurrieron numerosos episodios en los que la arrogancia castellana, como uno en los que se obligó a los locales a entregar mantas en la primera invernada de los españoles, puso en sobre aviso a los indios de la actitud de sus nuevos vecinos, y aunque se fueron por donde vinieron servía de aprendizaje para los que vinieran a continuación, algo que aunque los indios desconocían en el momento era previsible dado que los sueños de riqueza no decayeron ni un ápice.


Marcos de Niza [Real Academia Historia] │ Francisco Vázquez de Coronado [Real Academia Historia, Wikipedia] │ La increíble historia de Cíbola [La Razón] │ «The Pueblo Revolt: The Secret Rebellion that Drove the Spaniards Out of the Southwest» (David Roberts) │ «La rebelión del odio. La insurrección de los indios Pueblos en 1680» (José Enrique López Jiménez) │ «Banderas lejanas. La exploración, conquista y defensa por España del territorio de los actuales Estados Unidos» (Fernando Martínez Láinez, Carlos Canales Torres)



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