17 de agosto de 2016

Atenas, siglo V a.C.

Atenas no destacaba en el siglo VI a.C. por su poder, presencia o economía, pues era básicamente una sociedad rural. Sólo tras unificarse varios pueblos y ser la capital del Ática, la península donde se asienta, empezó a adquirir una importancia considerable entre el resto de las ciudades-Estado griegas. Posteriormente, algunos buenos gobernantes -entre los que destacaron Solón y Pisístraco- renovaron profundamente la polis entre otros: abrir órganos para toma de decisiones y judiciales a más que la aristocracia; pasar de grandes propiedades a pequeñas pero propias de personas comunes, el pueblo, el demos; un centralismo y un sentido identitario común en contraposición a un regionalismo; sistema de jueces itinerantes; se atrajeron artesanos para dar lustre a la incipiente ciudad-Estado en clara evolución; pero sobre todo entró en el comercio global, exportando el apreciado aceite de oliva y cerámica de lujo e importando madera, metales, grano, esclavos y pieles, negocios que fueron muy lucrativos y que les permitieron acumular riquezas y ampliar mercados siguiendo la estela de los fenicios, que ya habían abierto tiempo antes sucursales por todo el Mediterráneo. No sólo fue lucrativo el comercio, sino que el trato con otras culturas les enriqueció como sociedad, se establecieron permanentemente en diferentes enclaves y les abrió la posibilidad de ser cada vez actores más determinantes en la región.

Pero si hubo un dirigente clave en esta época ese fue Clístenes pues fue quien instauró la primera democracia en el sentido moderno de Atenas. Las reformas fueron muy profundas y se podrían resumir en:

· todos los habitantes del Ática libres tenían los mismos derechos (y deberes); entiéndase libres: hombres y nacidos en Atenas;
· el gobierno era del pueblo en un sentido directo e inmediato;
· sentimiento de unidad pero creando diez subdivisiones correspondientes a las diez tribus del Ática, pero que cada gobierno local a su vez tenía mezcla de diferentes grupos, con lo que continuamente tenían que trabajar codo con codo en las funciones militares, políticas y religiosas;
· crearon las famosas falanges hoplitas, el ejército, formado por ciudadanos libres, no como un ejército profesional pero con formación y experiencia como si lo fueran;
· creación de asambleas locales con una verdadera autogestión siempre dentro del gobierno de la ciudad-Estado;
· elección del gobierno de una forma democrática y con alta rotación para evitar vicios y corruptelas;
· participación directa del ciudadano en los asuntos de mayor importancia.

«Reconstrucción de la Acrópolis y el Areópago en Atenas» (Leo von Klenze,1846) [Wikimedia Commons]

Lógicamente el creciente poder ateniense creó recelos en su entorno, teniendo que guerrear con Esparta, Tebas, Calcis y Egina, llegando en una ocasión a pedir ayuda a la propia Persia ante la inminente invasión persa, aunque todo quedó en un "malentendido" que no sentó nada bien en el imperio.

Precisamente la primera de las guerras contra Persia, pocos años después, en la planicie de Maratón y la victoria ateniense hicieron que las aspiraciones geopolíticas, su importancia en el mundo heleno y su poder dentro de sus aliados creara uno de los dos bloques que durante décadas se enfrentaron dentro de lo que hoy entendemos como Grecia: por un lado estaba la «Liga de Delos» liderada por Atenas y por el otro la «Liga del Peloponeso» liderada por los espartanos. Sólo se aliaron con ocasión del segundo intento de invasión persa para, conseguida la victoria por segunda y última vez, batallar entre ellos hasta desgastarse mutuamente en actitudes cada vez más agresivas, enconadas, despóticas con sus aliados y contraproducentes para el mundo heleno.

En este periodo Atenas adoptó una política imperialista, conquistaron nuevos territorios, fueron despóticos con sus propios aliados y trataron de abarcar más de lo que debían, agotando sus arcas -y las de las polis amigas- en los múltiples conflictos en los que se embarcaron.

Atenas y Esparta, ciudades-Estado modernas, avanzadas, ricas, referentes culturales, fueron poniéndose zancadillas, esquilmándose generaciones mútuamente hasta la victoria espartana (con financiación persa) en las denominadas Guerras del Peloponeso... la cual fue luego vencida a su vez por Tebas... para finalmente ser Macedonia bajo el mandato de Filipo II, padre de Alejandro Magno, quien conquistaría la debilitada Grecia.

Atenas ha aportado más que ningún otro pequeño territorio a la historia: un sistema político que todavía sobrevive (democracia, senado, asambleas populares, votaciones) ; importantes aportaciones artísticas y culturales (comedia, poesía, teatro, dramaturgia, deporte); una arquitectura, copiada hasta la saciedad; avances científicos en astronomía, matemáticas o medicina; y hasta la filosofía o el estudio de la historia en las formas modernas de los términos.


«Esparta y Atenas en el siglo V a. C.» (Adolfo J.Domínguez Monedero, José Pascual González, 2014)│«Maratón» (Richard A. Billows, 2014)


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