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21 de octubre de 2015

14 de octubre de 2015

Peyk: ruta

En el mapa inferior está la ruta que seguí (azul) y la prevista (rojo), que difieren en... todo, dado que me impidieron pasar los militares a partir de cierto punto y la mayoría de la ruta estaba inundada por el desbordamiento del río Maritsa por cuya ribera discurría mi ruta. Ambas circunstancias podrían haber sido previsibles, una sabiendo que las relaciones diplomáticas turcohelenas no son las mejores del mundo, y otra habiéndome documentado con las noticias recientes (la inundación llevaba unas semanas, y no tenía visos de desaparecer en poco tiempo, la verdad, dado que eran importantes).



Destaco dos puntos claves de la ruta: en el que me hicieron darme la vuelta los militares, y en el pueblo al que tuve que acercarme para conseguir agua, y a cuya salida me dijeron que había inundaciones y no hice caso... lo que significó casi volver sobre mis pasos.


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3 de mayo de 2015

Faruk, el peyk del sultán

24 de abril de 2015. Conseguimos rascarle veinte minutos al horario del desayuno, prefiero salir lo antes posible, y las 08h00 se me hacía muy tarde, así que a las 07h40 ya estábamos por el comedor con cara de pedigüeños. Salió bien y veinte minutos que ganamos, a desayunar fuerte.

Nos alojamos en Edirne, ciudad de unos 150000 habitantes, la capital del oeste de Turquía, casi en el triple punto, la frontera con Grecia y Bulgaria, zona eminentemente agrícola, llana y apacible. En cuanto desayunamos, cargamos el coche de alquiler y pusimos rumbo a Uzunköprü, en busca del puente largo que ya había visto en algunas fotos. Como es fácil imaginar, dimos alguna vuelta para encontrarlo y en alguna de ellas ya pudimos ver los primeros cuarteles del ejército en la zona, dado que estamos muy cerca de la frontera griega. Casi nos comemos el puente, me lo imaginaba algo más en el campo y no, es justo a las afueras del pueblo, allí estaba.


Sin mucho prolegómeno, hago los últimos preparativos, un último intercambio de información con David, que me seguiría como asistencia para agua y me haría fotos, y sin perder un segundo me puse en marcha. Me motivaba cruzar un puente con tanto porte, pero se hacía raro, no sé porqué tanto puente, más de un kilómetro, elaborado en piedra, muy plano, no es un cañón, sin salvar apenas agua, entiendo que la zona estaría empantanada o algo parecido, si no no se entiende. Algo así iba pensando mientras intentaba que no me atropellaran, porque aunque sea un monumento protegido por la Unesco, el puente se sigue utilizando para el tráfico rodado y la acera tendrá unos 25 centímetros... si los tiene. Con lo que el principio fue bastante estresante, intentando controlar a los coches de delante y detrás, subirme a la acera cuando nos cruzábamos los tres, con cuidado de no caer al campo o agua (el pretil era muy bajo), en fin, no fue el comienzo deseado. Al cruzar al otro lado la cosa cambió, pues cogería una carretera local con apenas tráfico y me pude relajar y empezar disfrutar. Cortas subidas, algún tractor, sin demasiadas molestias tras el importantísimo esfuerzo menos de una semana antes de la Iznik Ultra, recuerdo, 138 km y +2800 m, dieciocho horas. Una larga recta, un suave subebaja, y rodeo el primer pueblo, Eskiköy, es una zona realmente rural, como los pueblos de la España profunda hace 50 años. A lo lejos diviso un par de puentes.


En unos minutos estoy sobre ellos, salvan una zona empantanada, poco después el GPS me marca un brusco giro a la derecha, y veo los primeros carteles que indican que es una zona militar. No pretendo ir más allá -al oeste- sino en paralelo a esta zona militar; poco después me adelanta un Volkswagen Passat negro, el conductor se gira y me mira. Unos cientos de metros más adelante veo lo que empezaba a temerme, una barrera, custodiada. Una barrera militar. Este puede ser un buen problema. Me detengo unos metros antes y ando, veo de reojo que los soldados se han acercado el fusil a la mano. Me dirijo a ellos en inglés mientras me pongo las gafas en la cabeza, sé que el contacto visual es mucho más cálido y humano, No me entienden, pero intento hacerme explicar medio con inglés medio con gestos. Llaman a un superior. A los minutos, que se me hacen largos, veo aparecer a dos militares más, no sé quién es el superior y hasta que no se acercan lo suficiente no me dirijo a uno de ellos, fallar podría entenderse como una falta de educación y no me interesaba. Le intento explicar la situación, estoy haciendo una ruta corriendo, querría pasar para continuarla y seguir mi camino. Aunque parecía que hablaba algo de inglés, no es así, acabamos traduciendo con su móvil y Google Translator. En estas que viene David con el coche, lo que no mejora la situación porque ninguno lo esperaba, yo tampoco. Le enseño un pequeño mapa que llevo, diciendo que voy a Edirne, junto al río, que sólo voy corriendo, que sabía que había una vía de tren y que es sólo cruzar ese tramo y ya sigo yo sin problema. No, no se puede pasar, es una zona prohibida. Es que no puedo ir por otro lado, simplemente quiero pasar ese tramo que entiendo que es el único que no puedo franquear. Nada. ¿Puedo coger el camino paralelo a la vía del tren cruzarla y volver a la pista un poco más allá? Siguen pasando los minutos, me voy haciendo a la idea de que no podré cruzar. Nos preguntan de dónde somos, en qué trabajamos, nos piden pasaportes, que abramos el maletero, que si el coche es de alquiler. Aparece el Passat, esta vez de vuelta, cruza la barrera, se para y se bajan las tres personas que había en él. Entiendo que es un coche de un político, posiblemente nada bajo, reloj de oro, saludos, y habla un buen inglés. Le explico la situación, pero tan amigablemente como los militares, me dice que no puedo seguir por esa pista, que es una zona militar, prohibida. Me sugieren dar la vuelta, seguir por carretera desde Uzunköprü, ¡si es de donde vengo! No hay flexibilidad. Me añade que toda la ruta junto al río está prohibida, que es todo zona militar por ser frontera. Y que además, hay 200 metros de agua poco más adelante, y (me parece entender) 64 puntos con cortes porque el río se ha "roto". La verdad, lo del río me parece una milonga, un "no lo intentes más adelante que te vemos las intenciones".


El trato fue más que correcto, amigable, muy buenas maneras y perdiendo el tiempo en hacernos entender, cosa que agradezco, pero la decepción y el futuro inmediato incierto creo que lo llevaba en la cara. No sabía qué hacer. ¿Rehacer la ruta desde Uzunköprü, ir luego todo por carretera como me sugerían? Quería salvar la ruta a toda costa. Posiblemente lo mejor sería coger una diagonal hasta el río y allí coger de nuevo mi ruta original. ¿Y volver a Uzunköprü en coche o corriendo? Decidí que en coche, había perdido ya mucho tiempo y no iría sobrado de fuerzas más adelante. Cuando ya lo había decidido, apareció un camión militar de buenas dimensiones que gentilmente nos escoltó a la salida, así que no, no había opción, en coche y rapidito fuera de allí, no debíamos estar, y es lo lógico. Turquía y Grecia no son los mejores vecinos, especialmente por el largo conflicto chipriota, y de ahí la buena presencia militar de la zona. Creo que, excepto ese puente ferroviario, no hay ninguno más en bastantes kilómetros a la redonda, pero vamos, un río tampoco es que sea precisamente una barrera natural infranqueable, con lo que necesita vigilancia, y si tu vecino no es con el que mejores relaciones tienes, blanco y en botella.

David me dijo que llevaba unos ocho kilómetros, yo estaba confundido, y en ese corto tramo en coche de vuelta a la salida tenía grandes dudas de cómo iba a ir todo esto, tampoco me apetecía hacerlo todo por asfalto, la verdad, entiendo que hay que adaptarse y sin otra opción, quizá sería mejor eso que nada. No cruzamos el largo puente, me quedé al otro lado, ya lo había hecho y tiene su riesgo, no me apetecía jugar a la ruleta turca dos veces. Nos dimos unas breves instrucciones de cómo lo íbamos a hacer, me bajé del coche, de refilón vi en el GPS 1h55' (¿era verdad?, ¡madre mía qué desastre!), no lo había visto en la pasada inicial pero en esa esquina había otro cuartel que nos animaron a no detenernos, y salí, esta vez por otra carretera, la D550. El ánimo no era el mejor. Pero iba con el cerebro apagado, a seguir, a ver qué pasaba, a no pensar en lo sucedido, en las energías gastadas, en la ruta original.

Poco después, en una subida, me salí de la carretera porque pasaba por debajo de un pueblo, digamos, y salí por una carretera a la izquierda, a lo lejos veía la principal, la D550 que en este punto abandonaba. Casi de milagro David me vio, y le dije que seguía por la que acababa de coger, una local y que me llevaría en diagonal de nuevo al río. Pasé por algún pueblo, la verdad, rozando lo miserable, muy muy rurales, Değirmenci primero, luego Hamitli, pueblos donde lo más grande era la mezquita, las casas eran realmente muy poca cosa, y algunas gallinas correteaban a mi paso. Señoras con floridos trajes estaban sentadas en sus huertas, tractores con varias décadas de trabajo encima aparcados o que venían de la faena. Me fui relajando, iba ya notando los kilómetros, sin duda, y me quedaba todo.


El siguiente pueblo, Çasmakköy, tenía obras cerca, me parece que una presa, aunque podía ser una carretera. Siğircili, sin novedad en el frente, pero en Saçlimusellim volví a ver carteles de zona prohibida, antenas extraordinariamente altas -no eran de telefonía móvil precisamente., se veía garitas a lo lejos. Pintaba mal. Poco antes de Elçili me paro a consultar el mapa, y en vez de, al poco de entrar, seguir por la carretera, arriesgo, cruzo el pueblo y voy en busca del track original. Hay camiones que van y vienen, me subo a la ladera, al menos voy por campo... y llego a un puente antiguo anegado. Imposible. Aquí hay mucha agua. Justo llega David. Otra vez a la carretera, intento fallido. Vacas en la carretera -y sin ánimo los dueños de quitarlas- y un rato más adelante encuentro una pista, la cojo, va casi paralela a la carretera y con un "mar" a mi izquierda. Tras ver muchísima agua, estoy ya convencido de que no me habían engañado, aquí se ha desbordado el río, ¡pero mucho!, voy a veces paralelo al track original... pero este sitúa un par de kilómetros aguas adentro, increíble. Me apetece ir por campo, me relaja, cojo un camino paralelo a la carretera, me alejo poco a poco de David, pero aún en la distancia nos vemos, hasta poco antes de la siguiente localidad, Karakasim, donde hago algún intento de coger camino, pero pronto encuentro que no van a llevar a ninguna parte. En este tramo veo una pequeña culebra.


En una fuente pregunto, con la enorme dificultad del idioma, pero también de que en mi mapa apenas se leen los nombres de las localidades. Con más intuición que certeza tiro por donde creo porque no me he hecho entender, me he mojado la cabeza en el grifo pero no he cogido agua, ya esperaré a ver a David, que supongo en un momento lo haré. Sigo comiendo razonablemente bien, cansado, cada vez más, pero aún no muerto. Diviso un pueblo en la lejanía, me doy cuenta de que casi no llevo agua y David no aparece. En muy poco tiempo decido desviarme a este nuevo pueblo -Üyuklütatar- por una pista. Ahora debo encontrar agua porque voy en la reserva. Veo con el rabillo del ojo una manguera... media vuelta, en efecto, sale agua, bebo casi un litro de agua, unos chavales están un poco sorprendidos de mi presencia, y relleno. Me voy pero me dice un lugareño que no siga, que su su. Casi lo único que sé en turco es que su es agua. ¿Habría más inundaciones? Pues sí, unos cientos de metros más adelante lo pude comprobar por mí mismo, así que hice casi una vuelta de 180º para coger una carretera. A la salida del pueblo veo un cartel que pone Edirne 9. Ni de coña, no sé a cuánto estoy pero sé que ni de coña, quizá la entrada de la ciudad, pero de ahí al centro -donde medimos en España- quedarían otros tantos. Iba ya realmente fatigado, todos los coches me parecían nuestro Fiat Linea blanco de alquiler, no aparecía David, qué raro. Ritmo extremadamente lento, muy cansino, aún no echo a andar, veo Edirne en la lejanía, muchas casitas y un par de impresionantes mezquitas en el horizonte, aún demasiado lejos.


Estaba, ahora lo sé, en el peor momento, cercano a un buen nivel de extenuación, prácticamente no era capaz de correr, tan lento que cualquiera andando me hubiese arrancado las pegatinas, pero hacía el gesto de correr. Una larga recta de asfalto, ningún coche era David, lo doy por "perdido", en un rato mandaré un punto de Spot y si no está en meta, le llamo, aunque me duela el sablazo de llamar en el extranjero. Veo a lo lejos un minibus que se mete por un camino, ¿adónde va ese?, y es que esa pista va directa a Edirne, o más bien se intuye que lo hace, directa a la mayor mezquita, de hecho, aunque sea un riesgo y la ciudad esté aún a bastantes kilómetros, la orientación es buena. Me lo pienso muy poco y cojo esa pista, otra decisión basada en el instinto. Un minuto después la coge un Fiat Linea, casi por azar, y sólo por un minuto, me vio David, si llega a pasar muy poco tiempo después, no me hubiese visto. Aproveché para hacer un descanso, comer un poco de embutido que llevaba en la mochila, y descansar algo, también para quitarme las zapatillas y darles un poco de oxígeno a los pies. No reposté agua, con lo que al final, y sin buscarlo necesariamente, hice la ruta en autosuficiencia.


Me armé de valor, arranqué de nuevo bastante doblado, pero pronto calenté. Unos minutos después, de una casa (¿un pequeño cuartel quizá?), salió un perro a todo correr, con lo que cogí un camino opuesto y me puse a correr rápido... momento en el que David se queda algo atrapado en un pequeño paso, roza el parachoques y le patina. A la tercera lo conseguimos sacar, seguimos, otro momento más de improvisación de esta curiosa ruta. Algo más adelante David coge un camino que no me convence, pasan unos chicos en una motillo, les paro y me dicen cuál es el bueno, pista ancha, camiones, polvo, y unos minutos más tarde, asfalto. Poco después, en el mundanal ruido, la D100, la carretera que pisa el camino más directo entre Estambul y Edirne, la ruta que, a buen seguro, muchas veces harían los mensajeros del sultán.


No fui por el track, que iba, digamos, por la parte baja de la ciudad, junto al río. En ese momento, muy fatigado -¡pero sigo corriendo!- tiro recto, calle principal larguísima, acera, cabeza gacha, duro; voy deseando que los semáforos se me pongan en rojo para justificar una parada, y uno tras otro en verde, la madre que los parió. Voy entrando en la ciudad, muy lentamente, voy muy a ojo, ajustando el rumbo, callejeando ya bastante dentro, sigo impresionado por continuar corriendo, casi ni me lo explico, incluso alguna buena subidita, que se me hace un señor puerto. Los chavales salen del colegio, mujeres con bolsas de la compra, alguno me mira extrañado, pero la cultura y la sociedad turca está madura, pueden mirar algo sorprendidos, pero respetan, no veo ninguna sonrisita del cláscio un dos un dos que se dice por aquí para cachondearse del corredor, no entendería si me hubiesen dicho algo, pero dudo que nadie hiciera un comentario: me gusta. Callejeo, a ojo, trato de ir lo más directo posible, lo voy consiguiendo, todo intuición. Incluso con el cansancio me guío bien, y voy acercándome a la línea negra que marca mi Fénix 2.

Y la voy alcanzando, y diviso agua, y puentes, las referencias que conocía. Paro a dejarme a mano una pequeña oveja que llevo para que me dé energía, me acuerdo de quien me lo dio, me acuerdo por última vez de los peyk, cómo habrían llegado aquí, con qué fuerzas, con qué motivación, con qué deber, cruzo un puente, paso junto al estadio donde se celebra el deporte regional, lucha tipo grecorromana bien embadurnados de aceite, recuerdo verlo en Google Earth, el segundo puente, cortito, blanquito, un cortísimo tramo, veo un arco, el único que sobrevive de una previsible puerta, paso bajo él, zigzagueo entre ruinas, acabo junto a la única edificación del antiguo palacio de los sultanes que permanece en pie. Se acabó. Cansado. Un largo día, complicado, con muchos cambios, que se trastocó desde el principio, y que se pudo resolver de una manera bastante digna. Personalmente, lo veo motivo de orgullo, no es nada fácil hacer una ruta que te la cambian las circunstancias, que tienes que inventarte sobre la marcha sin mapa y que tiene algún que otro tropezón.


Mediada la ruta, y si mis suposiciones iniciales eran buenas, ese desvío sur pudo existir, no era tan directa la ruta Edirne-Estambul en un principio, y aunque pudiera parecer algo ilógico pues era más largo, por alguna razón quizá fuera por ahí, quizá alguna zona pantonosa, lo desconozco; pero algo hizo cambiar hacia la ruta directa, por Havsa directamente... y viendo tantísima agua, y tras leer que no ha sido algo puntual, si no que es algo periódico -como casi todas las inundaciones, por otra parte-, ¿y si fuera por inundaciones, como la que hizo modificar mi ruta, la clave para abandonar ese desvío sur por el camino más recto? Me parece una posibilidad sugerente que, por supuesto, no afirmo, pero que fue fruto de algunos pensamientos durante la ruta, esos duros mensajeros se tendrían que enfrentar a esa y mil dificultades para hacer llegar los mensajes de sus señores, nada más y nada menos que los grandes sultanes del imperio otomano. Al mismo tiempo que me parece sugerente, e intento que no lo influencie, si las inundaciones que yo también encontré hicieron que la ruta de los peyk se desviara al norte, sería una curiosa coincidencia que el mismo fenómeno me dificultase mi ruta.


Tras una jornada dura, mucho más tarde de lo esperado, cayendo la tarde, abandonamos Edirne, en mi caso con las piernas muy fatigadas, y con una curiosa historia que contar, historia basada en otros corredores que transitaron por aquí durante siglos cumpliendo su deber.
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6 de abril de 2015

Del puente largo a la ciudad de Adriano

Para trazar una ruta del siglo XXI basándose en una con siglos de antigüedad hay que contar con las circunstancias actuales. Con la poca información de los peyk es realmente difícil saber por dónde corrieron, hay que usar la historia-ficción o, mejor dicho, la historia-imaginación. ¿Por dónde correrían los mensajeros del sultán?

Por las fechas en las que sitúo la historia -Jacques Gassot, principalmente, a pesar de que se podría prolongar durante varios siglos su existencia-, y tras la conquista de Constantinopla, nombrándose poco después capital del imperio otomano, es fácil suponer que durante unos cuantos años, si se ha producido tal cambio, el intercambio de mercancías, el paso de personas y el trasiego de mensajes recorriera esta ruta. Las capitales del imperio otomano -pero sobre todo me he fijado donde sitúo la parte que más me interesa, a mediados del siglo XV- fueron:

· Söğüt (1299–1326);
· Bursa (1326–1365);
· Edirne (1365–1453);
· Constantinopla (1453–1922).

Es decir, prácticamente en la época en la que la capital pasó de las actuales Edirne a Estambul, cuando la primera entraría en declive y la segunda florecería hasta la actualidad, ostentó el poder económico y cultural indudablemente.

De ahí que las citadas crónicas de Gassot y Sansovino hayan tenido mi atención en esta zona de la parte europea de Turquía. Pero en la actualidad, Turquía es un país moderno, motorizado y con buenas vías de comunicación; y Estambul tiene casi quince millones de habitantes sólo en el área metropolitana más próxima. Diseñar una ruta a pie partiendo o llegando a Estambul era, sencillamente, una locura.

Otro de los fuertes condicionantes es que mi visita a Turquía iba a coincidir con una competición, al Iznik Ultra, y, cómo no, escogí la modalidad más larga. Casi 138 kilómetros tendría la "broma". Es decir, sería prácticamente imposible hacer una ruta de larga distancia si antes hacía esta distancia.

Momento de meter todas las variables y condicionantes en la batidora, filtrarlas al mundo real y la situación concreta.

Me apetecía un tramo de la ruta Estambul-Edirne. Quería evitar el asfalto todo lo posible, y el camino original (carretera D100) es lo que es, asfalto. Me atraía mucho el desvío que en varios antiquísimos mapas aparecía cerca de Edirne, mucho más al sur de la que luego se puede ver, que ya digo coincide casi en su totalidad con la actual D100. ¿Por qué se desviaba tan al sur pudiendo ir recto? ¿Acaso existía un paso natural o artificial "obligado"?

Encontré un archivo llamado «Collection of historic bridges and aqueducts in Turkey(Update).kmz» en Google Earth, donde se situaban la totalidad -o casi- de los puentes históricos de Turquía. Fue una interesante ventana, porque los puentes son obras humanas para salvar accidentes naturales y, obviamente, dado que requieren un gran esfuerzo su construcción y mantenimiento, se elige su situación cuidadosamente y son utilizados durante décadas o siglos por su gran utilidad. Me llamó la atención un largo puente, cerca donde buscaba la esquiva Sugut.

Es un puente con historia, y está junto a la localidad de la que toma nombre. Es así porque Uzunköprü proviene de uzun, largo, y köprü, puente, es decir, puente largo. Es el puente más largo de Turquía ejecutado en piedra, tiene 174 arcos y mide 1329 metros. Se construyó entre 1426 y 1443, fechas nada lejanos al intervalo temporal donde había fijado mi búsqueda. ¿Un puente de más de un kilómetro y por el que no pasaba una gran ruta? Póngase en perspectiva, el ingente esfuerzo de casi dos décadas de construcción tenía que ser por algo. ¿Podría pasar por él alguna gran ruta? Desde luego debía salvar algún importante accidente, porque es el penúltimo antes de entrar en la actual Grecia, y los Balcanes.

Tras mucho contrastar mapas, la localización de la Suguth del mapa de Gerhard Mercator «Walachia Servia, Bvlgaria, Romania Per Gerardum Mercatorem. Cum privilegio» las Adrianopoli-Suguth-Capsia y con el dato del importantísimo puente de Uzunköprü, concluí, no con poca imaginación, que pudiera ser coincidente esta con Suguth. Me aseguraba alejarme de carretera, podría hacer un tranquilo camino paralelo al Meriç o Maritza, frontera natural con Grecia, y alcanzar Edirne tras 57 km de ruta. No necesariamente necesitaba seguir una ruta muy transitada, la más importante, exactamente la que coincidiera con la historia, los mensajeros recorrerían tarde o temprano todo el imperio, pero seguir la línea de un río es una línea lógica, acabar en la antigua capital también, y dentro de esta hacerlo en el antiguo palacio del sultán, sin duda era un buen final.


La ruta, con los condicionantes descritos, uniría Uzunköprü con Edirne, partiría del, quizá, puente más importante de la época, acabando en el palacio del sultán de la antigua capital del imperio, trataría de evitar asfalto en la medida de lo posible y transitaría junto a un río, abastecimiento natural, línea de defensa, tránsito de personas y mercancías.

Me había autoseducido, tenía la ruta, ya sólo tenía que llevarla a cabo.


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2 de abril de 2015

A la búsqueda de Sugut, parada de Jacques Gassot

La ruta de Jacques Gassot entre Adrianópolis (actual Edirne) y Constantinopla (actual Estambul) en la actualidad, según Google Maps, discurre prácticamente en línea recta y con un lógico trazado, por carretera son 237 km según la recomendación de Google, pero viendo lo directa que es la ruta, no parece fácil recortarlo por otra vía:
 

Un mapa, posterior al viaje de Gassot, el de Johann Baptist Homann (1663-1724) denominado «Danubii Fluminis [hic ab urbe Belgrado, per Mare Nigrum usq; Constantinopolim defluentis exhibiti] Pars Infima in qua Transylvania, Walachia, Moldavia, Bulgaria, Servia, Romania, et Bessarabia cum vicinis Regionibus ostenduntur / à Ioh. Bapt. Homanno S.C.M. Geographo Norimbergae» sigue prácticamente una ruta paralela a la actual recomendada, que correspondería a la carretera D-100 en vez de la O-3 del recorrido de Google Maps:


Y donde pueden localizarse con relativa facilidad localidades de paso: Adrianopoli/Edrene, actual Edirne -a la izquierda y ligeramente al norte; Hassa, actual Havsa; Baba, actual Babaeski; Burgas, actual Luleburgaz, etc. Los nombres de las localidades no sólo cambian, sino que muchos de estos mapas son elaborados, literalmente, de oídas, y los nombres son tomados como suenan, como fonemas, de ahí los saltos de un mapa a otro en la grafía, pero se puede trazar una lógica fonética que se corresponde con nombres actuales.

Vamos a otro mapa unas décadas anterior, el de Giovanni Giacomo De Rossi (1627-1691) en su «Corso del Danvbio da Belgrado sino al Mar Nero con le Prouincie, che intorno al medesimo si trouano descritto / da Giac. Cantelli da Vignola su l'esemplare delle Carte migliori e delle piu recenti notizie dato in Luce da Gio. Giacomo de Rossi dalle due Stampe in Roma alla Pace con Priv. del. S. Pont. ; Vin. Matiotti sculp.» en el que resalto el primer tramo saliendo de Adrianopoli, donde la primera gran parada aparece Apsa (actual Havsa), dejando a un lado Suqui, aparentemente sin pasar por dicha localidad y que parece estar junto al río Mariza:


Siguiente mapa, retrocediendo en el tiempo, el «Cours du Danube, de puis Belgrade jusques au Pont Evxin ou sont, d'vn costé la Transilvanie, la Valaquie, la Moldavie, la Bessarabie, et de l'autre la Bulgarie, la Romaine, et partie de la Servie, et de la Macedoine, tirées de divers Autheurs / Par le Sr. Sanson d'Abbev. Geogr. ordre. du Roy» de Nicolas Sanson (1600-1667), que, sin vías, y fijándonos también en esta primera etapa, ya aparece Sugut prácticamente coincidente con Sugutli como lo citaba Jacques Gassot, de nuevo junto al mismo cauce del río del anterior mapa, con lo que aquel Suqui es este Sugut:


Y, finalmente, acudimos al mapa del célebre Gerhard Mercator (1512-1594) contemporáneo de Jacques Gassot, se denomina «Walachia Servia, Bvlgaria, Romania Per Gerardum Mercatorem. Cum privilegio» y obsérvese que el triángulo Adrianopoli-Suguth-Capsia (Edirne-Sugut-Havsa) está bastante alterado con respecto a otros mapas, Sugut aparece al sur de la confluencia de dos ríos, pero confirma su existencia en la época en la que transitó Jacques Gassot, y donde, con casi total seguridad, debió de conocer o incluso cruzarse con los peyk, los mensajeros del Gran Sultán, pues la ruta unía la anterior capital (Adrianopoli, Edirne) y la nueva (Constantinopla, Estambul).


¿Pero dónde está la antigua Suguth primera parada del viaje de Jacques Gassot en la ruta entre Adrianopoli y Constantinopla?

No tengo la certeza, pero entre Adrianopoli (Edirne) y Havsa hay una localidad que se llama Söğütlüdere, ¿será esta la que en el mapa llama Suguth, Sugut o Suqui? Por los mapas arriba presentados, podría, pero en el último aparece prácticamente en la vertical de Havsa (en el mapa Capsia), y siempre aparece mucho más al sur de Edirne y Havsa, mientras que Söğütlüdere está más al norte. Aunque hay lógicos errores de localización de las ciudades y pueblos, pues los mapas eran un tanto a ojo en la época, confundir latitud no era tan sencillo, quizá era de los errores más groseros.


Realmente dudo que el Suguth del último mapa -he ido en sentido inverso, es decir, este es el más antiguo- coincida con el de un mapa actual.

Edirne-Estambul [Google Maps]│«Danubii Fluminis [hic ab urbe Belgrado, per Mare Nigrum usq; Constantinopolim defluentis exhibiti] Pars Infima in qua Transylvania, Walachia, Moldavia, Bulgaria, Servia, Romania, et Bessarabia cum vicinis Regionibus ostenduntur / à Ioh. Bapt. Homanno S.C.M. Geographo Norimbergae»  (Johann Baptist Homann, circa 1701-1725)│«Corso del Danvbio da Belgrado sino al Mar Nero con le Prouincie, che intorno al medesimo si trouano descritto / da Giac. Cantelli da Vignola su l'esemplare delle Carte migliori e delle piu recenti notizie dato in Luce da Gio. Giacomo de Rossi dalle due Stampe in Roma alla Pace con Priv. del. S. Pont. ; Vin. Matiotti sculp.» (Giovanni Giacomo De Rossi, 1684)│«Cours du Danube, de puis Belgrade jusques au Pont Evxin ou sont, d'vn costé la Transilvanie, la Valaquie, la Moldavie, la Bessarabie, et de l'autre la Bulgarie, la Romaine, et partie de la Servie, et de la Macedoine, tirées de divers Autheurs / Par le Sr. Sanson d'Abbev. Geogr. ordre. du Roy» (Nicolas Sanson, 1730)│«Walachia Servia, Bvlgaria, Romania Per Gerardum Mercatorem. Cum privilegio» (Gerhard Mercator, 1551-1560)│Havsa [Yandex]



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31 de marzo de 2015

Los peyk, la guardia real y los mensajeros del Gran Sultán

Portada de «The government of the Ottoman empire in the time of Suleiman the Magnificent» (Albert Howe Lybyer, 1913) 
La guardia personal -lo que se podría asemejar a la Guardia Real- del Gran Sultán se componía de tres cuerpos: los muteferrika, estaban junto al sultán, protegiendo al sultán en sus desplazamientos, tras él, a caballo y línea de defensa más cercana en caso de ataque; los solaks era arqueros y estaban siempre preparados para actuar en caso de necesidad; y los peiks -en algunos lugares se encuentra como peich o como peyk- que eran un pintoresco cuerpo de alabarderos y cuyos ropajes, armas y costumbres provenían del Imperio Bizantino, de oriente. Los peiks corrían por delante del sultán mientras este iba a caballo o era transportado pero también estaba disponibles para otras misiones, como las de mensajería.

Los peiks eran un cuerpo de entre 30 y 40 corredores -un centenar según algunas otras fuentes- que provenían de la antigua Persia y como peculiaridad se le extraía el bazo, desconozco el porqué. Portaban una alabarda (de ahí que se les denomine cuerpo de alabarderos), siendo esta una ligera lanza acabada en forma de hacha por un lado, y punta por el otro.

No es casual que proviniesen de Persia, pues, aparte de guardia de corps, servían también de mensajeros. De hecho la palabra post en inglés -con muchas derivaciones a muchos idiomas, con nuestro postal- es una palabra persa -también se dice post (پست)- que viene a significar "enviar un mensaje del que se espera respuesta".

Algún texto apunta a que una vez fuera de las ciudades, y con el ánimo de entretener al señor, corrían de espaldas y ejecutaban algunas florituras para su divertimento, mientras decían «Allah Diechenin», que se traduciría por «Que Alá preserve al Sultán y su prosperidad», Llevaban unos cascabeles o campanillas de plata, en un principio en la boca y más tarde en la cintura según unas fuentes, y en las rodillas según otras (o en ambos lugares, como algunas reproducciones que nos han llegado), con dos fines: uno, en labores de mensajería, anunciar su llegada, y dado que eran mensajeros reales, tenían prioridad de paso o atenciones; y dos, como metrónomo, para controlar la cadencia mientras corrían y no dejar decaer en su ritmo. Al ser mensajeros reales eran muy respetados y cuando se retiraban lo hacían a una vida acomodada.

Los peichs corrían descalzos -«sus plantas eran tan duras como las pezuñas de los caballos»- aunque hacia el siglo XVI ya van con una especie de sandalias. Entre su "ropa de trabajo" se incluían elegantes casacas albanas siempre coloridas, un cinturón con un puñal de mango de marfil envainado en una funda de piel de algún pez exótico. Lucían un alto gorro adornado con plumas. Portaban también una pequeña bolsa con confituras para ir tomando mientras corrían a fin de no tener bajadas de ritmo.
Segundo por la izquierda, vestimenta de peik hacia 1700, casi más un cuerpo de representación por estas fechas


Recorte de «Merveilles de la force et de l'adresse. Agilité - Souplesse - Dexterité. Les exercices du corops chez les anciens et chez les modernes» (Guillaume Depping, 1871)

Se desconoce si es leyenda o no, pero al parecer tras una apuesta un peik llegó a cubrir la distancia entre Adianópoli y Constantinopla (unos 240 km) en el tiempo de «dos soles», es decir, veinticuatro horas (¿podrían ser treinta y seis, desde el amanecer hasta el siguiente atardecer?). Para complicarlo, lo hizo bajo el importante calor de agosto. La media de velocidad habla por sí sola, y lo hiciera este bravucón peik o no, su resistencia y velocidad eran muy sobresalientes.

El servicio fue abolido en la tardía fecha de 1828.


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28 de marzo de 2015

Jacques Gassot en el Imperio Otomano

Jacques Gassot (1525-1585), señor de Deffens y Omery, alcalde de Bourges, era hijo de André Gassot, secretario del rey Francisco I, servía a la reina Eleonor de Aquitania como agregado y en su tiempo libre estudiaba Matemáticas e Historia. En 1546 Eleonor había hecho voto de peregrinación a Tierra Santa (Jerusalén) pero dado que la nobleza siempre ha tenido cierto privilegios con la iglesia, pagados, por supuesto, podían permitirse el lujo de que otro peregrinase en su lugar cumpliendo su cometido por ellos. Fue el caso de Eleonor, que enviaría a Jacques a realizar esta peregrinación y le llevó de vuelta un trozo de la Vera Cruz.

A mediados del siglo XVI estos viajes eran duros y no exentos de peligros, pero Jacques lo completó satisfactoriamente. Realizada su misión para la reina Leonor, retornó a Francia y halló en el trono a otro rey, Enrique II de Francia, quien le nombró secretario. Dado su conocimiento del imperio otomano por el que había transcurrido su anterior viaje para llegar a Tierra Santa, Jacques tuvo la misión, ya la calificaríamos de diplomática pues enviaba directamente sus despachos al embajador francés Gabriel de Luels, señor de Aramont, de estudiar los recursos del imperio y la fuerza del imperio del Sultán, así como diversas cuestiones que tuvieran relación con la política oriental, y se dirigió a Constantinopla, capital del imperio, donde permaneció desde el 23 de enero al 2 de mayo, dejando por escrito un detallado informe de usos y costumbres de la ciudad. No solo eso, sino que acompañó a Solimán el Magnífico, el gran sultán de la época, en su campaña militar contra Persia.

Tras realizar el viaje citado y regresar a Francia, en 1550 publica su libro «Le discours du voyage de Venise à Constantinople : contenant la querele du grand Seigneur contre le Sophi, avec élégante description de plusieurs lieux, villes et citez de la Grèce, et choses admirables en icelle», siendo la versión resumida del título «Le Discours Du Voyage de Venise a Constantinople» («Discursos del Viaje de Venecia a Constantinopla»).

Este viaje le tomó un par de años, del 17 de diciembre de 1547 a alguna fecha indeterminada -por mí al menos- de 1549 y su itinerario -en alemán, por la fuente encontrada- fue el siguiente, destacando el tramo de Adrianopel (Adrianópolis) y Konstantinopel (Constantinopla), en la actual Turquía, antigua capital del imperio y la contemporánea:


Incluso en la actualidad, la localidad de Sugutli aparece como «Sögütlü, Fluß?» (Sögütlü, ¿río, cauce?); sin embargo, Sögütlü aparece muy lejos de la línea lógica entre Adrianópolis y Constantinopla, debiendo ser la primera parada destacada en esta importante ruta entre la tercera y cuarta capital del imperio otomano. A buen seguro, en la, probablemente vía más importante del imperio, conoció a los mensajeros del Gran Sultán, los peyk.

¿Por qué he remarcado un tramo concreto? Las capitales del imperio otomano fueron: Söğüt (1299-1326), Bursa (1326-1365), Adrianópolis (1365-1453) y Constantinopla (1453-1922). Es decir, Jacques viajó prácticamente en el momento en el que la capital cambió de sede, con lo que aún la ruta Adrianópolis-Constantinopla sería una vía muy importante a buen seguro. La primera ciudad corresponde a la actual Edirne, y la segunda a Estambul, por lo que la identifiqué como una ruta importante y comenzó a interesarme.


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Francesco Sansovino y los peicler

Francesco Tatti da Sansovino (1521-1586) fue un escritor y editor que cursó estudios en las universidades de Venecia -Scuola di Umanità- y posteriormente en la de Padua para sus estudios de derecho, como dictó su padre, con el que tuvo que huir de Roma natal a los seis años por el saqueo de Roma del 6 de mayo de 1527, y alcanzó fama como historiador analizando obras de Dante Alighieri y Giovanni Boccaccio.
Francesco Tatti da Sansovino (1521-1586)

Su obra más famosa -se tiene registro de 97- es «Venetia citta nobilissima et singolare, Descritta in XIIII. Libri» más conocida como «Venezia Descritta», aunque la temática de Francesco era muy variada: agricultura, medicina, política o derecho. A partir de 1560 estableció su propia su propia editorial, siendo este primer año tan prolífico como para editar diez títulos.
Ca'Dario, Venecia, a finales del siglo XV

Precisamente de 1560 es su «Dell'Historia Vniversale Dell'Origine Et Imperio De Tvrchi Parte Prima: Nella Qvali Si Contengono Gli offici, i leggi, i costumi di quella natione, cosi in tempo di pace, come di guerra, con una tavola copiosissima de tutti le cose piu notabili dell'opera» que resumiremos en «Historia universale dell'origine et imperio de'Turchi» («Historia universal del origen del imperio turco»).
Portada de Historia universale dell'origine et imperio de'Turchi, edición de 1560
El texto, escrito en italiano de la época, es el primero que he encontrado en el que menciona los peicler, aunque ya veremos que a lo largo de la historia se les ha llamado de otra manera, y los describe como una guardia personal del gran Turco, dando algunas valiosas informaciones de los peicler en sus páginas 47 y 47bis (como curiosidad, sólo se numeran las impares):

  • son de origen persa,
  • van por delante del cavallo del Signore,
  • van a pie, descalzos,
  • van vestidos elegantemente con una camicie bellisime y pantalón hasta las rodillas,
  • portan cascabeles en la cintura,
  • también portan una alabarda con mango corto,
  • en la otra mano portan una ampolla de agua roja,
  • en la cintura llevan un pañuelo atado con azúcar,
  • se pasan el día saltando con las puntas del pie y pueden caminar durante todo el día sin aparente cansancio,
  • avanzan de espaldas, mirando al rey y diciendo Allah Diechenin, que se traduciría por «Que Alá preserve al Sultán y su prosperidad»,
  • son también mensajeros del gran Turco.
«Gia si truouò uno di loro essersi partito di Costantinopoli, e andato in Andrinopoli, e ritornato in due giorni, che un cavuallo non l'hauria fatto in tre»
«He encontrado a uno que ha dicho que partió de Constantinopla y fue andando a Adrianópolis, y vuelta, en dos días, cuando un caballo no lo haría en tres» [Traducción propia]




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